‘Paz’ ífico

‘Paz’ ífico

Marzo 12, 2011 - 12:00 a.m. Por: Miky Calero

En los años 70, cuando descubrí la magia del Océano Pacífico y me enamoré de la majestuosidad de sus aguas, empecé a ser un asiduo visitante de sus playas. llegábamos al hotel Los Acantilados de Juanchaco, a veces en carpas (dependiendo del presupuesto), y desde allí recorríamos las playas de ladrilleros pasando por el ‘charco de la maestra’, llegando hasta La Barra y a la desembocadura del río San Juan. Disfrutábamos de cada momento de esa exuberancia tropical; cada día era una aventura. En esos tiempos no existían tantos productos plásticos, por lo cual no había la contaminación que existe hoy en día. Las cosas eran diferentes y mucho menos intervenidas por la mano humana. No habían los sipotudos parlantes que ponen música a toda hora, ocultando los sonidos naturales. En canoas de madera con pequeños motores llegábamos a pasar el día en las Tres Marías y Las Sierpes disfrutando de sus aguas dulces, acompañados en el camino por uno que otro delfín saltarín. Había una parada obligatoria camino a Las Sierpes en las playas de Varatarias donde siempre éramos recibidos por un gran anfitrión que tenía una bella cabaña en ese hermoso sitio, el Sr. Hernán Merizalde, pionero de las aventuras en el Pacífico colombiano, donde llegaba piloteando su pequeña avioneta y aterrizaba en las extensas playas. Otro de los conquistadores pacíficos de aquellas épocas era mi gran amigo, don Diego Domínguez Vásquez, también aviador y hacedor de grandes barcos de madera, como es el Riviel en el cual navegó las aguas desde Mulatos hasta Cabo Marzo. ¡Berracos viejos, paz en sus tumbas!Ya para los 80 con unos amigos nos volvimos amantes del Chocó. De Cabo Corrientes para arriba conocimos: Arusi, Jovi, Coki, Terco, Terquito, Nuqui, Jurubira y muchísimas playas más, incluyendo la bella playa de arena blanca de Salomón en la Ensenada de Utria. Subíamos por el río Pichi a disfrutar de un baño de agua dulce en sus cascadas majestuosas a un par de horas río adentro y ni se diga las caminatas por Morro de Mico trocha arriba, pasando por ‘Copete de Pava’ para desembocar en ‘Dos Bocas’, donde nos esperaban nuestros amigos Emberas en sus canoas para llevarnos de regreso a las playas de Jurubira, una caminata por la densa selva donde, para mitigar el calor, nos sumergíamos en bellos charcos de aguas transparentes y cristalinas. ¡Qué tiempos, Dios mío... qué tiempos aquellos! Cero violencia.Ese paraíso está amenazado por culpa del narcotráfico, los guerrillos, los paracos y uno que otro plan de atravesar el Tapón del Darién por la Carretera Panamericana para darle cabida al ‘progreso Humano’, a la colonización y al despelote que siempre nuestra especie hace cuando interviene en la naturaleza y los frágiles ecosistemas que, finalmente, son los que sostienen la vida sobre la faz de la tierra. ¡Pilas con eso! No podemos seguir embarrándola, cuidemos nuestra casa. ¡No a la minería, sí al agua!

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