Pa’l abuelo Miguel

Abril 23, 2011 - 12:00 a.m. Por: Miky Calero

Miguel Calero Salinas es tu nombre, abuelo. Digo que es, porque a pesar de que te fuiste hace muchísimo tiempo, tu nombre sigue vivo en el Ancianato San Miguel.Te voy a contar un poco de lo que está pasando en estos tiempos modernos y espero no te retuerzas en tu tumba, porfa. Abuelo, el pueblo pequeño donde viviste muchos años es ya una ciudad de casi tres millones de personas. Muchas autopistas con miles de carros donde todos vivimos a millón, abrumados por una cosa que se llama estrés. Se hacen billonarias inversiones en unas obras que, se supone, van a mejorar la calidad de vida de todos nosotros.Aquí, los asesinatos pululan y la vida en toda sus manifestaciones pierde valor: estamos no sólo matándonos, sino arrasando con el monte y los ríos hermosos con sus aguas cristalinas, que seguramente disfrutaste. Hoy les dicen caños, pasan por debajo de la ciudad, no son visibles y mucho menos consumibles. Los políticos, por su parte, son más corruptos y quieren quedarse con todo y por todo, perdón la redundancia, cobran jugosísimas comisiones. Muchos de ellos terminan en la cárcel o inhabilitados dependiendo de lo hábiles que puedan resultar sus abogados.La verdad, abuelo, esta misiva te la escribo más para contarte qué ha pasado con tu sueño de tener un ancianato digno para cuidar los viejitos que ya la sociedad ‘moderna’ considera un lastre. La sede ya no queda en el lote que le donaste a la ciudad. Hoy allí funciona el elegantísimo Club Colombia. Con la venta del lote se compraron cinco plazas de tierra en Meléndez donde hoy funciona. La platica fruto de la venta alcanzó para construir el edificio con iglesia y todo. Hace varios años se vinculó como director de la institución el doctor Guillermo Zapata, un verdadero apóstol del servicio social. ¡ay abuelo, que hombre pa’ verraco, oiga! El Dr. Zapata ha hecho hasta lo imposible para que el Ancianato sobreviva, desde bingos bailables hasta pedir limosnas por todo el mundo. Claro abuelo, sé que te estás preguntando por qué. Se supone que por ser una institución oficial, el Gobierno es el que debería entregar los recursos para su sostenimiento. ¡No, abuelo, cada año que pasa es menos el presupuesto que le asignan y lo tienen al borde del cierre! Con sólo decirte que este año lo bajaron de mil trecientos millones de pesos a sólo trescientos cincuenta. Y eso que en este momento hay más de 300 viejos internos. Muchos más van en el día, la mayoría sin familia y sin recursos, abandonados a su suerte y prácticamente a la calle.¡Qué tristeza, abuelo, que la ‘modernidad’ nos haya vuelto tan faltos de sensibilidad! Sí, abuelo, te doy permiso para que te revolqués en tu tumba. Se me acabó el papel, abuelo. Más adelante espero poder escribirte contándote mejores noticias. Un beso.

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