Morromico

Junio 26, 2017 - 11:45 p.m. Por: Miky Calero

Una playa situada en medio de la selva chocoana donde la exuberancia es lo más parecido al verdadero paraíso, Morromico. Cerca de Jurubirá y de la Ensenada de Utría, donde la huella del hombre moderno no es tan manifiesta y donde la vida aparece en cada espacio y momento. Allí llegaron hace más de cuarenta años Javier y la Negra procedentes de El Retiro, Antioquia, y allí aprendieron a convivir con los indios y los negros ocupantes de esos espacios ancestrales, ellos les enseñaron a vivir sin la tecnología del hombre moderno, con los conocimientos de la naturaleza, de la madre Tierra, se volvieron uno más de todo ese bello ecosistema. Durante años vivieron lejos del mundanal ruido hasta que decidieron compartir ese bello espacio con más gente, construyeron un hotel de madera en medio de la selva, construcción que fue hecha con el sudor de ellos mismos, incansables, llenos de vida y de sueños.

Allá llegue en los años 90 por sugerencia de mi gran amigo Coky Bueno, fue amor a primera vista, mis ojos y mi corazón no lo podían creer, de verdad existe el Edén, me dije a mi mismo, el Edén y Adán y Eva. Fueron muchas las veces que tuve el privilegio de compartir Morromico y sus alrededores con los que se convirtieron en mis amigos del alma, Javier y la Negra. Largas jornadas en lancha o canoa por el mar o sus ríos. Extensas caminadas por la selva y encuentros maravillosos con habitantes Emberas. Recuerdo Copetedepava, Dosbocas, el río Pichi, Playa Blanca de Salomón y mucho más, Aguas Termales en medio de la manigua y largas jornada de pesca donde comíamos el verdadero Sushi, Atún fresco crudo con sal y limón dentro de la canoa. Ese estilo de vida se convirtió en mi sueño también, quise irme a vivir allá.

Tantos anécdotas, como cuando en un diciembre coincidimos varios caleños con varios rolos, entre ellos Benjamín Villegas y durante los 15 días pintamos un gran cuadro colectivo y las celebraciones incluían muchas ceremonias con flores y desnudez como la California de los 60
Recuerdo con mi amado hermano Jaime y el gran Javier horas en la lancha durante un día gris, esperando divisar ballenas, hasta que una enorme pasó justo debajo de la embarcación y luego con su compañera nos deleitaron en una gran danza que duró muchos minutos, se nos fue el habla por el resto del día. Allá quedaron las cenizas del Gran ‘Jeimer’. Por solicitud de Él.

Desafortunadamente los bárbaros cegaron la vida de Javi enfrente de su compañera leal, la Negra, muy triste. Hace poco que hable con ella y su hija Melissa me dieron la gran noticia que no se iban a dejar vencer y el proyecto ecoturístico de Morromico continuará para honrar al que fue su mentor, el inigualable Javier Montoya, mi pana, ¡te llevo en el alma, LLavería! ¡Buen viento y buena mar!

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