Mirá, ve

Mirá, ve

Agosto 10, 2013 - 12:00 a.m. Por: Miky Calero

A los que nacimos y crecimos en esta ciudad, como también lo hicieron nuestros padres y abuelos, tenemos muchas razones para querer a Cali: nacimos oliendo a pandebono y mazamorra, nacimos con la brisa de la Sexta y viendo películas en los teatros Aristi, el Cid o Bolívar. Prácticamente tomamos tetero de champús y el sabor del sancocho está incorporado en nuestra memoria genética. Para ir al río Pance teníamos que coger bus o chiva intermunicipal y llegar por una carretera destapada, caminando kilómetros (con leche condensada Nestlé en el bolsillo), para encontrar el Valle de Alicia (que será tema de otra columna). Los colegios más lejos eran los que quedaban en la frontera sur, que solo llegaba hasta el Colombo Británico que en esa época estaba ubicado donde aún funciona el motel Meléndez, porque el barrio Limonar no existía. Ir a comer tortas al Rincón de la Abuela o comprar los ‘longplais’ donde Cardona Hnos., al único centro comercial del norte y ver a las chicas era un programa infaltable, no solo las chicas sino las bicicletas Monark o Fiorelli que vendían en Sears o las carpas para camping que nunca le alcanza a uno la plata para comprarlas. Escuchar conciertos organizados por Charlie Duque del naciente 'rocanrol' interpretado por grupos como Arcoíris, Ancora, Hydra o Expreso Del Oeste en el teatro San Fernando era algo maravilloso. En fin, son tantas razones para vivir enamorados de nuestra Cali hermosa.Ahora es una ciudad con muchísimos habitantes que ni siquiera nacieron aquí, muchos desplazados por el conflicto armado que han llegado del Pacífico y el sur del país, que no tienen esa memoria que los haga tener identidad de ciudad. Vienen con otras costumbres y culturas a tratar de encontrar un espacio, esa es una realidad que debemos entender. Muchos se adaptan y adoptan a Cali como su ciudad y aportan al civismo colectivo, como el finado Jairo Varela que llegó del Chocó, o el Grupo Herencia de Timbiquí del Cauca… Ellos le cantan con amor a nuestra Ciudad. Pero hay miles que no tienen oportunidades, personas marginadas que terminan engrosando la miseria y la inseguridad. Allí es donde está el problema, ¿qué hacer? Ese es el desafío de los gobernantes, cómo generar proyectos incluyentes para que estas personas hagan parte de los que amamos nuestra ciudad y que vemos como está volviendo a florecer un civismo que fue característico de tiempos añejos. Yo personalmente siento que el gobierno del alcalde Guerrero está siendo fundamental en esto, los exitosos Juegos Mundiales fueron decisivos (gracias también a la gestión de Pascual Guerrero). Pero, ¿cómo mantener y aumentar este civismo y volver a caracterizarnos por ser la primera ciudad cívica de Colombia? No solo es tarea del gobierno o las Fundaciones, es tarea de cada uno de nosotros, tenemos la responsabilidad de contagiar a los de nuestro entorno. !Qué viva Cali Ciudad de las Aguas!

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