Legalidad y libertad

Legalidad y libertad

Octubre 04, 2016 - 12:00 a.m. Por: Miky Calero

Esta columna la escribí antes de conocer el resultado de la votación al plebiscito.Pensé mucho en escribir una nueva, pero decidí dejarla, no sin antes decir que quedé perplejo y me duele muchísimo que los pueblos que han puestos los muertos, como Toribío y Caloto en el Cauca, Bojayá en el Chocó, votaron masivamente por el Sí. Muchos de los votos del No llegaron de los que nunca han sufrido los embates directos de la guerra. Pero la buena noticia es que ganó la democracia y los argumentos que nos parecemos a Venezuela donde no hay garantías para lo oposición, quedaron desvirtuados. Allí va lo que sigue siendo mi opinión y mis más profundos sentimientos.“Con el acuerdo firmado entre la guerrilla de las Farc--EP y el Gobierno legítimo colombiano, comienza una nueva era para la construcción de una sociedad más justa y pacífica. El camino apenas empieza y lo hace con un aire limpio y esperanzador. Para llegar al sueño de una sociedad más equilibrada es importante reconocer que esto es de todos, una responsabilidad compartida.Hay dos flagelos que yo diría son peores que la guerrilla y esos son la corrupción y las drogas.En una amena charla con Sergio Fajardo en Oye Cali, comentábamos sobre la poca confianza que los políticos inspiran. Es claro que casi siempre los asociamos con la corrupción, con la ilegalidad, con el desangre de la plata pública y hasta con muertes para lograr sus mezquinos propósitos. Por lejos el dinero robado es el mayor flagelo para las clases menos favorecidas, causa muchísimo más sufrimiento que la propia guerra. Como decía el señor Fajardo, la manera de hacer política, con ‘el todo vale’ tiene que acabar, ese concepto ‘que roben pero que hagan obras’ es miserable. Por lo cual no más ilegalidad, necesitamos dirigentes limpios y honestos como Él.Lo otro es la legalización de los cultivos ilícitos, si eso sucediera el negocio dejaría de ser tan rentable por lo cual se acabarían las mafias y las muertes asociadas con ellas.Sería una oportunidad para que cientos de campesinos pudieran cultivar dos plantas que han sido sagradas: la marihuana y la coca. Esas dos hojas producirían muchísimos beneficios para la salud. Si la gente en los países ‘civilizados’ se la quieren meter y abusar de ella es problema de ellos, ya es hora que los muertos no los pongamos nosotros y especialmente nuestros campesinos. Miren lo que sucedió con el licor, (que por lejos produce más violencia que ningún otro), cuando se legalizó dejo de ser un negocio sucio y sangriento.Es hora de construir una sociedad más tolerante y menos represiva, está demostrado que la intimidación y el miedo producen pésimos resultados”.Como apoyador del Sí, reconozco el triunfo del No, sin antes decir gracias presidente Santos por sus inmensos esfuerzos por construir una Colombia más justa.

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