Julito y María

Abril 30, 2016 - 12:00 a.m. Por: Miky Calero

Julito nació en Buenaventura, sus padres Jacobo y Marcela presenciaron cuando su hijo de diez años fue asesinado por paramilitares al no obedecer la orden de arrodillarse cuando jugaba fútbol con sus amiguitos en una improvisada y polvorienta cancha. Marcela huye, Jacobo por fuerza mayor termina trabajando para los verdugos de su hijo, transportando droga por los manglares de su amada CostaPacífica, con el único propósito de reunir suficiente dinero para largarse a la Capital en busca de un destino diferente.María se unió a la guerrilla a la fuerza siendo una niña. Su trabajo era cuidar al recién nacido de la mujer del comandante del frente al que pertenecía, la única que podía tener el hijo, todo el resto de las combatientes razas debían abortar al quedar embarazadas. En un descuido logra huir y llegar a un pueblo donde pensó encontrar su libertad, solo que el pueblo estaba controlado por los paramilitares, hecho que la obligó a regresar a todo tipo de castigos por ser una desertora.Señores lectores, historias como estas son el pan de cada día para millones de colombianos, qué dolor que sólo unos pocos seamos los beneficiados de un sistema injusto para la mayoría y benévolo para la minoría.Pero lo más triste es que existen colombianos que niegan que eso sea así. Durante gran parte del gobierno del presidente Uribe se desestimó que en nuestro país hubiera conflicto interno. Solo en el año 2011 bajo el gobierno de Santos se aprueba la ley 1448 para la reparación, la restitución de tierras y lo más importante: la NO Repetición. Se crea la oficina Nacional de Atención y Reparación Integral de Víctimas. Los desplazados en Colombia por grupos armados fuera y dentro de la ley son aproximadamente 8 millones. Miles de hectáreas de tierra fueron arrebatadas a sus dueños originales por la fuerza. A las oficinas de Paz llegan diariamente cientos de familias que hay que atenderles inmediatamente sus necesidades básicas, mientras se les brinda asistencia sicológica y técnica para que logren encontrar una forma de vivir en las urbes que son totalmente desconocidas para ellas. No solo llegan desplazados, desmovilizados sino también mujeres y niños abusados. “Esto si es serio, mi amigo”, como diría Cheo Feliciano. Mientras deberíamos estar atentos para solucionar estos graves problemas que nos aquejan, estamos llenándonos de odios y polarizaciones que no ayudan. Si dejáramos atrás la guerra y nos ahorráramos sus costos, tendríamos suficientes medios para solucionar todos y más de estos problemas.P.D. Los personajes que describo en el principio de la columna fueron tomados de dos excelentes producciones cinematográficas colombianas, ‘Manos sucias’ producida por Spike Lee y ‘alias María’ de José Luis Rújeles,¡recomendadísimas!

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