Dos Sangres

Dos Sangres

Enero 29, 2011 - 12:00 a.m. Por: Miky Calero

Con la llegada de los colonizadores a nuestro Continente la historia cambió para los aborígenes de estas tierras. Antes de la llegada de los ‘blancos’ la vida por estos lados mantenía un equilibrio y una armonía que duró por miles de años. Obviamente también había guerras, pero de otra clase; no existía la pólvora y la lucha era cuerpo a cuerpo, una manera más digna de morir. Los españoles llegaron arrasando en el sur del Continente y prácticamente borraron todo lo que nuestros ‘indios’ habían construido con unas técnicas asombrosas, sólo comparables a las de los egipcios. En el Perú, donde había templos de los incas construían iglesias, negándoles la posibilidad de practicar su propia espiritualidad, obligándolos a aceptar a Cristo como su ‘salvador’ y así acabaron con su identidad. Sólo Machu Picchu, su último refugio, logró estar libre de la invasión de los polvorientos. Realmente nunca se sabrá que pasó allá ya que la ciudad nunca fue terminada, sin saberse por qué y dónde fueron a parar sus habitantes. La famosa ‘malicia indígena’ de que tanto se nos habla, realmente era lo contrario, ya que ellos confiaron inocentemente en los visitantes para luego ser traicionados por los sacerdotes católicos que los entregaron al fuego de su ejército, alegando que hacían ritos donde se sacrificaban seres vivientes, sin recordar los miles que murieron inocentemente en el fuego de la Inquisición. Una memoria corta y amañada. Siempre en las invasiones se comete todo tipo de injusticias, por lo cual nunca debieron de existir ya que se podría haber usado una manera menos violenta e impositiva. Definitivamente por estas tierras se impuso a Cristo y la Virgen María, con mucha sangre derramada de cientos de miles e inocentes habitantes de estas comarcas. Todavía se siguen estas prácticas en ‘tiempos modernos’ donde se invaden pueblos y muere mucha gente por diferencias ideológicas y religiosas. La barbarie continúa. Es la historia de la humanidad.Hoy en día la mezcla de estas dos sangres ha creado nuevos pueblos e identidades, pueblos como los del Perú donde la amabilidad florece y su gente encantadora hace que viajar a esas tierras hermanas sea toda una delicia. Allá han sabido montar una industria turística envidiable y así conservar los vestigios de lo que fue el grandísimo imperio inca y tesoros como Machu Picchu que, a no ser por el turismo, hace mucho hubieran desaparecido. Recorrer el valle sagrado y ver los terraplenes construidos sobre las empinadas laderas para aprovechar al máximo la agricultura, es una fantasía. En Colombia deberíamos copiar y volver la industria turística una fuerza económica para mostrarle al mundo los tesoros naturales que tenemos.Yo por mi parte me siento orgulloso de mi sangre indígena y seguiré luchando pacíficamente por recobrar nuestra memoria. “Los pueblos cosechan cuando se cultiva el corazón,” como diría mi buen amigo Jahuira.

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