Dos mundos

Septiembre 25, 2010 - 12:00 a.m. Por: Miky Calero

La fragilidad de los pueblos ancestrales que habitan la Sierra ‘madre’ de Santa Marta es muy grande. La posibilidad de conservar sus tradiciones depende mucho de ellos, pero también de que nosotros -los que creemos ser civilizados- no los veamos como ‘lindos indiecitos con vestiditos blancos’ y respetemos sus territorios. En esos pueblos existe una sabiduría milenaria que esconde secretos que les han permitido vivir en plena armonía con la tierra, conservándola intacta. Bien arriba, donde los ‘colonos blancos’ no han llegado, todavía se conservan unos pocos grupos que se mantienen libres de las nefastas costumbres de una sociedad moderna que, en su afán de conquistar todos los ‘mercados’, es arrasadora y destructora.El sábado 18 de septiembre en la playa de Castilletes del Parque Tayrona hubo un encuentro de los dos mundos con fines espirituales, buscando cómo unir fuerzas para cambiar el rumbo peligroso que ha tomado la humanidad. Por un lado estaba el Dr. Santiago Rojas con sus discípulos y uno que otro curioso que encuentra ahí la manera de estar a la moda espiritualmente. Por el otro, mamos con sus familias que bajaron desde la parte alta de la Sierra; algunos por primera vez tuvieron contacto con el mar. Fue una ceremonia linda con visita de delfines saltarines y muchas libélulas volando en el aire cargado de agua, muy común en estas épocas del año en la Sierra. Por solicitud de mis amigos arhuacos tuve el privilegio de documentar el evento y ser testigo de lo que allí paso. Me reencontré con gente muy bella que desde su corazón quiere un cambio. Varios yoghis entonaron sus mantras y elevaron plegarias al cielo a través de olorosos fuegos. Conocí algunos ‘indios blancos’ como Mauricio Ardila, conocedor y respetuoso de muchas culturas ancestrales con las que ha convivido en el norte y sur del continente. Conocí también el poder curativo de la hoja sagrada de la coca ya que viajé con una sipotuda gripa desde Cali y gracias a poder ‘mambear’ -introducir las hojas secas de la planta en la boca y conservarlas sobre la encía hasta que sus jugos salgan- pude experimentar la ausencia de cansancio, malestar y hambre.Al hablar de un cambio de costumbres para aliviar de algún modo la presión, tenemos que ser consecuentes. Durante el evento se distribuyeron botellas de agua y refrigerios empacados en bandejas de icopor, lo que contribuyó a más contaminación. Hubiera sido mejor empacarlos en hojas naturales y servir el agua en las totumas que se usaron para los ejercicios del ritual al agua que propuso el Dr. Rojas.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad