Chivas

Chivas

Agosto 22, 2015 - 12:00 a.m. Por: Miky Calero

Don Jaime, prestigioso hombre de negocios, llega a un elegante restaurante de la ciudad, donde es muy bien atendido. “Me trae la carta de tragos”, le dice a la muy atenta mesera y después procede a pedir una botella de Chivas Regal y dos botellas de vino francés de cepa bien añeja, para él y sus invitados. Comieron como reyes, manjares de todo tipo, entradas, platos fuertes y para terminar una botella de pus café. Entrada la noche, don Jaime pide la cuenta y cuando llega se queja y se sorprende de la cifra de la propina sin decir nada sobre el abultado costo de todos sus millonarios consumos, finalmente pagó a regañadientes la propina, argumentando la mala atención, no añade un peso más. Sin tener en cuenta que mientras él llega a casa de Martica en su mercedes, Carolina la del restaurante espera el MÍO que a esa hora no pasa.Doña Marta Isabel, dama de alta alcurnia, que tiene en su casa a una señora proveniente de Nariño (desplazada) como ‘su’ empleada, encargada de los quehaceres domésticos, permanentemente se queja de los ‘altos’ costos de Doña Gladys que con paciencia lava baños, cocina, trapea, atiende los berrinches de Julietica y Lucas los ‘niños’ de la casa y hasta le alcanza el tiempo para hacerle un cafecito calientico con galleticas a su patrona. La señora De Jaramillo comenta con sus vecinas durante un animado juego de cartas, que va a tener que bajarle el sueldo a su dedicada mucama, que ya no le alcanza la platica ni para comprar el par de zapatos Gucci para que le hagan juego a la cartera Pucci que ya tiene en su clóset, donde también hay otros 73 pares.Así podríamos seguir narrando sobre millones de casos donde la desigualdad es evidente, razón verdadera para la gran mayoría de los problemas que acosan a la humanidad. Mientras la torta no sea mejor repartida y hayan personas que se acuestan con una sola comida diaria va a hacer imposible bajar los índices de inseguridad.Fui invitado por el candidato a la alcaldía de Cali, el señor Maurice Armitage a una amena charla con el profesor Antanas Mockus donde se habló sobre la importancia de cambiar el chip para lograr una verdadera transformación. Todos, óigase bien, TODOS, incluyéndonos a usted señor (a) lector y a mí, el que escribo esta columna, tenemos que de verdad cambiar nuestra manera de actuar y realizar, que la solución a los problemas del mundo no está en las manos de otros, del gobierno de turno o de las organizaciones humanitarias. Ahora durante el proceso de paz en La Habana hay tantos personas que se rasgan las vestiduras pidiendo condenas y ‘justicia’ sin darse cuenta que seguramente ellos o sus antepasados contribuyeron a que hayamos llegado a donde estamos, todos tenemos algo de culpa, la injusticia empieza y sale de nuestras propias casas.

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