Abuelito fuego

Abuelito fuego

Julio 25, 2015 - 12:00 a.m. Por: Miky Calero

“Abuelito fuego, como tú me ves, aquí postrado a tus pies” es una estrofa de una canción que se canta en las ceremonias de Temascal de las culturas indígenas del norte. Los antepasados que habitaron este continente antes de la llegada de los conquistadores tenían una relación muy sana y sagrada con el fuego, el ‘abuelo Fuego’. Es claro que la vida no sería posible en el planeta sin el calor que nos da el astro mayor, el Sol. Si la tierra no tuviera su núcleo calientico, la vida tampoco sería posible, los volcanes son necesarios en el balance de las cosas. Todo está entrelazado en un frágil sistema que sostiene la vida, y los cuatro elementos son necesarios, el agua, el aire, la tierra y el fuego.Nosotros los humanos ‘modernos’ no hemos sabido honrar esos conocimientos ancestrales, por nuestra avaricia estamos desbalanceando todo y con nuestras acciones nos estamos precipitando por el abismo de la irracionalidad.El calentamiento global es una realidad. Hemos destruido la gran mayoría de la cobertura vegetal que regula la temperatura, hemos desviado ríos y secado grandes extensiones de humedales. Sobreexplotamos la tierra sin dejarla descansar hasta convertirla en desiertos improductivos y contaminamos el aire con el humo de nuestras fábricas, que no descansan. Obviamente los incendios cada vez van a hacer mayores y más devastadores. Las sequías, los veranos prolongados y el calor sofocante serán con lo que nuestros hijos tendrán que luchar. No es nada halagador el futuro que les estamos dejando.La semana que pasó gran parte de la loma de Cristo Rey se consumió en un fuego dantesco. Se pudo evidenciar que fue producto de manos criminales, porque comenzó al mismo tiempo en una franja lineal de aproximadamente 100 metros, eso solo se logra cuando se derraman líquidos combustibles. Qué locura, con esa acción se quemaron muchos arbolitos que la comunidad del Mameyal y el Dagma habían sembrado. Se habían hecho dos cortafuegos que las lenguas gigantescas del fuego pasaron por encima como si nada, poniendo en peligro la vida de muchos que combatían el incendio provocado. Fueron más de cinco horas combatiendo y si no fuera por el helicóptero de la Fuerza Aérea las casas de la comunidad del Mameyal hubieran desaparecido. Gracias señor piloto, llámese como se llame, porque por su valerosa acción se pudo evitar una mayor tragedia. Entonces es claro que el problema no es el fuego, es la mala relación que tenemos los de nuestra especie con él. Se nos olvidó lo sagrado que es nuestro abuelito. Volvamos por los caminos rojos donde este vital elemento sea honrado y respetado.Señores, pensemos como los Lacota, como afectarán nuestras acciones a siete generaciones adelante en el futuro.

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