Víctimas

Agosto 20, 2014 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Por primera vez, las víctimas están en el centro de las negociaciones. Y no solo las víctimas de las Farc, también las de las autodefensas y las de Estado. Como las principales afectadas, reconocer su estatus, garantizar su derecho a la verdad, justicia y reparación, es sin duda el comienzo de una paz verdadera. En esa medida es un acierto del proceso reconocer su importancia, darles visibilidad y empoderarlas. Sin embargo, no deja de preocupar que el acto se quede en lo simbólico. Si bien el dolor es uno solo y no deberían existir jerarquías, lo cierto es que en el plano jurídico, lo simbólico pierde la partida. Cierto, debemos “abrazarnos en torno a la paz”, “hacer un esfuerzo colectivo”, “generar una comunidad del dolor”, sin embargo, al aterrizar este poderoso gesto a un plano legal, nos encontramos con lo siguiente: 1) La definición de víctima parece estarse volviendo cada vez más gaseosa. 2) En La Habana comparecieron víctimas con victimarios sin la presencia de jueces y sin acuerdos de por medio (seguramente esto vendrá en una fase posterior, cuando pasemos de lo simbólico a lo legal). 3) Si bien tiene un sentido integrador, unir a todas las víctimas en un solo proceso es confuso y complejo, pues puede llegar a ocurrir que algunos cumplan el doble papel de víctima y victimario, por un lado, y por otro, se mezclan las historias y los actores armados en un rompecabezas difícil de reconstruir. 4) Este proceso no se está adelantando con las autodefensas, con las cuales ya se dio uno donde no se incluyeron las víctimas, por tanto la capacidad real de reparación es en este caso bastante dudosa. 5) ¿Quién juzga a los victimarios en el caso de las víctimas de Estado? 6) ¿Se tuvo en cuenta la Ley de Víctimas a la hora de conformar el grupo que viajó a La Habana? 7) Quizá es claro para los negociadores que este encuentro tuvo una relevancia ante todo en el plano simbólico, pero que no tendrá consecuencias de reparación. En dado caso, sería importante expresarlo de esa manera y dejarlo claro a la opinión pública. Ya la Ley de Víctimas había puesto en marcha un proceso de reparación con compensaciones definidas. Si bien avanza lento, está en marcha. Es evidente que cunado esto se puso a andar, no habían comenzado los diálogos de La Habana, pero, ¿hasta qué punto tiene sentido iniciar otro proceso, con otras reglas del juego? ¿O es que la idea es escuchar a las víctimas y sus propuestas, para luego volver a las iniciativas que se establecieron antes de iniciar las negociaciones? Como bien dijo Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador en días pasados, “los derechos de las víctimas no son negociables”; también dijo, “de lo que se trata es de acordar cómo deberán ser satisfechos de la mejor manera en el marco del fin del conflicto, los derechos de las víctimas”. De la Calle insistió en la importancia de darles la palabra a las víctimas: “No solo debemos oír, si no abrir espacios de diálogo y discusión sobre testimonios y propuestas”. Con seguridad, todos los colombianos queremos lo mismo, que se les escuche, se haga justicia y reparación. ¿Pero no es un poco arriesgado abrir estos espacios sin saber cómo darles trámite a las expectativas de las víctimas?La catarsis, sin una hoja de ruta concreta, puede ser contraproducente al reabrir heridas sin saber cómo sanarlas, un riesgo que el grupo negociador y el gobierno Santos no deben subestimar.

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