Un Papa del barrio Obrero

Un Papa del barrio Obrero

Mayo 23, 2017 - 11:55 p.m. Por: Melba Escobar

Recuerdo haber visto de niña al papa Juan Pablo II en su visita a Colombia. Mi papá me alzaba en hombros y entre una multitud de personas, como nunca había visto otra en mi vida, alcanzaba a vislumbrar una especie de urna de cristal, similar a aquellas donde guardan los restos de ciertos santos en las iglesias.

El mensaje era claro. El Papa, el representante de Dios en la Tierra, no era un ciudadano cualquiera. Y para mí eso siempre fue evidente: pensaba en él como en una especie de semi-dios (¡se movilizaba en una urna de cristal!) y recuerdo haberme preguntado si comería o si, como los santos, no tenía necesidad de algo tan mundano y terrenal.

Teniendo en cuenta que este era el modelo reinante, ver un Papa que se mezcla con la multitud, habla de fútbol e invita al Vaticano al padre de la teología de la Liberación, es un revolcón indiscutible en la dirección de la Iglesia Católica.

Bergoglio ha dicho que él “ve la Iglesia como un hospital de campaña después de la batalla”, para referirse a su urgencia por atender a los más necesitados. Su sencillez ha impactado al mundo entero. El papa Francisco ha retomado los valores cristianos de la austeridad y el deseo de una Iglesia de y para los pobres, como prioridad sobre discusiones de carácter moral, como el tema de la sexualidad de las personas. A este respecto ha dicho: “¿Quién soy yo para juzgar a los gay?”.

Pero más allá de un discurso progresista, Bergoglio ha emprendido reformas como las de la curia romana y el Banco Vaticano; ha endurecido las medidas contra los pedófilos y está promoviendo cambios en la pastoral matrimonial, para que los divorciados puedan comulgar. En el pasado Encuentro de Juventudes de Río de Janeiro, se negó a hablar del aborto y las uniones de un mismo sexo. Cuando un periodista le preguntó por qué había omitido esos temas, respondió: “No era necesario hablar de eso, sino de temas positivos que abran nuevos caminos para los chicos”.

Y sí, lejos del “cielo y el infierno”, del “diablo”, del “temor a Dios”, la culpa y el sufrimiento, Jorge Bergoglio construye las bases para una iglesia más terrenal y humana, una que sepa comprender las necesidades de su tiempo y que vuelva sobre la base de alimentar al hambriento y sanar al enfermo; coherente con la doctrina franciscana, la misericordia prima sobre el juicio a los demás.

Por todo esto, y las implicaciones que ya se pueden observar en el aumento del turismo religioso, la denominación del sumo pontífice como personaje del año por la revista Time en 2013, la portada en Rolling Stone, la circulación constante en Twitter y otras redes sociales de sus declaraciones, el Sumo Pontífice que prefiere andar en transporte público y que tomó por residencia una habitación sencilla en lugar de los conocidos apartamentos papales, muestra ser una persona que aplica cuanto predica.

En Semana Santa, quienes viajan a Buenos Aires, pueden hacer un tour por el barrio Obrero donde nació Bergoglio, ir a la iglesia María Auxiliadora donde fue bautizado, o la basílica San José de Flores, donde decidió hacerse cura, para no hablar de hacerse hinchas del San Lorenzo de Almagro, el equipo de sus preferencias. Así mismo, la provincia de Córdoba se prepara para las visitas a las estancias jesuíticas del siglo XVII, en un ambiente de devoción creciente hacia el primer Papa americano, donde quienes por nuestras ideas nos sentimos excluidos de la Iglesia durante muchos años, hoy miramos hacia ella con una esperanza renovada.

Sigue en Twitter @melbaes

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