Un mismo objetivo

Julio 08, 2015 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Tumaco es una ciudad militarizada. Están el Gaula, la Policía antinarcóticos, la Marina, el Ejército. Y está también la guerrilla, la misma que envenenó el río del cual todos toman agua. Cuando hablé con un líder comunitario a la sombra de un árbol, noté que hablaba muy bajo: “Están por todas partes”, me dijo en un susurro. El almirante Paulo Guevara, de la Armada, señala: “Nos dejamos coger ventaja. La brigada está hace tres años. Ahora ellos (los guerrilleros) se han infiltrado en las comunidades; estamos poniendo todo de nuestra parte, pero ellos estaban aquí primero”.He ahí el problema. Ellos estaban primero. ¿Dónde andaba la legítima autoridad en los últimos 50 años mientras departamentos como Nariño, Cauca, Chocó o Putumayo se peleaban los últimos puestos en educación, desempleo, falta de servicios, ilegalidad? ¿Dónde estaba mientras la guerrilla tomaba posesión de los territorios, se mezclaba con la gente, e incluso jugaba el papel de un Estado ausente?Sin entrar a discutir las virtudes y defectos de cada uno, tanto Uribe como Santos han tenido una estrategia frente al tema. Puede resultar irónico, dada la distancia que hoy los separa. Sin embargo, ambos mandatarios han hecho del fin del conflicto una política de gobierno. Los dos entendieron la urgencia de ponerle fin a la guerra y de estar en todo el territorio, no solo con presencia militar. También luchando por cerrar esa brecha que ha hecho que en estos lugares, las alternativas ilegales suelan llegar mejor y primero que las legales.Como dijo otro líder de la región: “Hay que ver lo que se ha hecho por los pobres en el castrochavismo. Deberíamos seguir su ejemplo”. En los territorios de frontera, el discurso de las Farc a veces se escucha más de lo que creemos en el centro del país.Para cientos de miles de colombianos, la salida a su abandono histórico, no es otra que un gobierno de izquierda radical. No los culpo. Las necesidades insatisfechas, la miseria, el círculo vicioso de sus desgracias que parecen repetirse hasta la pesadilla, los han llevado a pedir a gritos un cambio definitivo. ¿Y qué más definitivo que imaginar a las Farc en el poder?Por ocho años Uribe intentó la salida armada al conflicto. El debilitamiento militar de las Farc es uno de sus legados y fue la antesala a los diálogos. Ahora que la distancia entre el pasado mandatario y el actual es más grande que nunca, no estaría de más recordar que hay una conexión entre lo que se hizo y lo que se intenta ahora.El objetivo es el mismo, con diferentes medios. Ahora vamos por otro camino, en medio de inmensas dificultades. Con un final exitoso o un fracaso, el proceso se aproxima a su final. Es nuestra obligación ciudadana darle todo el apoyo. Si se rompe el diálogo, se rompe también la alternativa de una salida negociada al conflicto quien sabe por cuantos años, gobiernos o décadas por venir.Y estamos cerca. No hay que echar por la borda lo labrado, para lo cual se necesita la voluntad de las dos partes y especialmente de la guerrilla que debe entender que la paciencia de la opinión no es infinita. Una vez se firme la paz, quienes quieran otro modelo de gobierno, que lo propongan con ideas, con programas y propuestas, a través de las urnas, pero no por medio de las armas, de los muertos, ni de los brutales daños contra el medio ambiente.

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