Tiempos de extremos

Tiempos de extremos

Marzo 27, 2018 - 11:55 p.m. Por: Melba Escobar

En las redes sociales alguien escribió que Iván Duque va a ganar no solo porque no tiene ninguna experiencia en lo público, sino porque además viene mal recomendado. Me pareció un buen chiste para pensar lo absurda que resulta la democracia por estos días.

Es cierto que Duque no tiene casi experiencia en lo público. Y es cierto que (a mi modo de ver, que es un modo de ver distinto al del 50% del país, claro está) viene mal recomendado (por el expresidente que no tiene ni más ni menos que 28 procesos en su contra). Sin embargo, no pongo la mano en el fuego a que sea el peor candidato. Es más, los conozco peores.

¿Cuál podría ser peor? Pues veamos, ¿Por ejemplo el que, no solo genera miedo por sus posiciones radicales y autoritarias, si no también (y sobre todo) por su incapacidad para administrar y gobernar? Les suena conocido, ¿no? ¿El peor alcalde de Bogotá en años que ahora está de segundo en las encuestas? ¿El mismo que por poco deja la ciudad en la quiebra? Sí, ese, el que a todo lo que se le critica responde que es un complot, que hay una conspiración en su contra, que (cualquier cosa) es culpa de “la oligarquía” (como si “la oligarquía” fuese un ente tangible, concreto, o igualmente abstracto pero unitario y feroz como decir la mano peluda). Esos son pues los dos primeros lugares. Que entre el diablo y escoja.

De tercero en las encuestas, como una honorable primera princesa, sigue el candidato oficial de la tibieza. El inescrutable Sergio Fajardo, quien ha conseguido, para su propia desgracia, que nadie sepa qué piensa o qué haría en su gobierno, a escasas semanas de las elecciones. A Fajardo alguien debería explicarle que como académico se vale la duda metódica como respuesta, pero como candidato la gente espera saber su posición.

La segunda princesa es quien se llena la boca hablando de infraestructura mientras chorrea mermelada y reparte coscorrones. El modesto seis por ciento que marca en las encuestas no da siquiera para acomodarlo en la categoría de ‘peligroso’. Scar sin poder no puede ser más que un indefenso gatito.

Y en un quinto lugar, como tercera princesa de este reinado donde a semanas de la competencia final aun no son claros ni los parámetros de selección, ni las habilidades requeridas para llevarse el cetro, aparece Humberto de la Calle, el abanderado de la paz, firmada pero aún lejos de ser lograda.

Fajardo y De la Calle, son a mi modo de ver, las opciones más interesantes para quienes creemos en las libertades como el más alto valor que debe garantizar el Estado. El libre desarrollo de la personalidad, las garantías en igualdad de oportunidades, educación, justicia y servicios básicos. Eso es lo que debe representar un Estado. La casa grande donde cabemos todos. Aquella libre de dogmatismos que aplastan al diferente. ¿Dónde están De la Calle y Fajardo? ¿Esos que a pesar de sus debilidades han logrado proyectar un país incluyente, que no tiene siempre la última respuesta, ni anula la crítica y la discrepancia? ¿Tendrán aún una oportunidad? No parece ser así. Y entre otras no parece ser así porque no supieron leer la necesidad de una buena parte del electorado esperando con ansias una alianza entre ellos cuando no era demasiado tarde. Solo puedo recordar el viejo refrán que afirma que cada pueblo tiene los gobernantes que se merecen. Amanecerá y veremos.

Sigue en Twitter @melbaes

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