Temporada de ballenas

Agosto 22, 2012 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Una de las cosas que aprendemos desde niños los colombianos, es que somos el segundo país más biodiverso del planeta –después de Brasil que es ocho veces más grande–, que la mayor cantidad de especies de aves está en nuestro territorio –en general en flora y fauna estamos en los tres primeros puestos– que tenemos mar y montaña, así como páramo, selva y desierto. Con el paso de los años, para millones de citadinos estas lecciones se quedan en lo anecdótico. Habrá quienes vayan alguna vez a Cartagena o Santa Marta, la oferta más extensa de turismo masivo, con paquetes económicos permitidos por la amplitud de la oferta hotelera, la cantidad de vuelos, la agresividad de las promociones a estos destinos. Algunos tenemos el privilegio de conocer de primera mano el significado de esa biodiversidad exuberante. Y, a algunos, conocerla les cambia la vida. Historias de quienes han escuchado este llamado de la naturaleza dándole un punto de giro definitivo a sus vidas hay por todo el país. En mi caso, decir que conozco las playas de Sapzurro, que he estado en La Barra, en la Ensenada de Utría o la Selva del Matavén, es más que una fortuna, es algo que cuento como parte de mis experiencias más valiosas, porque siempre he aprendido algo en cada uno de esos viajes, y no solo del mundo vivo que está ahí afuera y que cuando vivimos en las ciudades olvidamos. Quiero decir que cuando vi la primera ballena saliendo del Pacífico chocoano para mirar a quienes íbamos en la embarcación, pensé que la curiosidad de ella era superior a la nuestra, aunque la gentileza de estos seres no tiene límites y en eso, como en tantos otros rasgos, son infinitamente superiores a los humanos. En una pequeña lancha íbamos seis personas. Nadie más. Ni cerca ni lejos. Es temporada de ballenas y en la playa de El Almejal, en el corregimiento de El Valle en Bahía Solano, no hay casi nadie. Es cierto que los pasajes son costosos, que hace unos años hubo problemas de seguridad, pero también es cierto que ahora es tranquilo y que ver a estos gigantes tan antiguos como los dinosaurios saliendo del agua, puede ser una de las experiencias más conmovedoras de la vida. ¿Entonces por qué vienen tan pocas personas? ¿Por miedo? ¿Por falta de dinero? Seguramente El Rodadero está abarrotado de gente a esta misma hora. ¿Por desconocimiento? Como dice César Isaza, Gerente del Ecohotel El Almejal, “el ecoturismo va más allá de ofrecerle camas a los viajeros. Es importante que contemos con operadores turísticos más que con administradores hoteleros, que es lo que abunda en las escuelas y universidades”.“El ecoturismo debe ser el principal aliado de la conservación ambiental”, concluye Isaza, “por eso debe estar ligado a la sostenibilidad, la investigación, la educación y capacitación de las comunidades”.Ahora que algunas concesiones de parques nacionales han fracasado y que se demuestra que dicha posibilidad no funcionó, es una buena oportunidad para mirar hacia adelante y pensar en una estrategia integral donde los parques más que competidores o obstáculos, sean aliados de los operadores locales.Costa Rica, sin tener las riquezas naturales que tenemos aquí, consiguió hacer del ecoturismo una de sus principales fuentes de ingreso y empleo protegiendo al medio ambiente y fomentando la investigación y la capacidad local. Un ejemplo en pequeña escala de lo que podría hacer Colombia.

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