Ríos de sangre

Junio 11, 2014 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Si bien ya el país sabía de los falsos positivos, hasta ahora no había habido un testimonio tan contundente donde se vinculara la muerte de 2.616 personas a manos del Ejército, con una supuesta política de Estado.En entrevista en RCN, el coronel Robinson González del Río -hoy detenido- confiesa haber sido responsable directo de 24 de estos homicidios y, al mismo tiempo, señala al general Mario Montoya –hoy retirado- como el responsable de esta maniobra. Aunque el general negó las acusaciones, la denuncia vuelve a poner sobre el tapete a los falsos positivos, y hacerlos ver como uno de los elementos estratégicos de la Política de Seguridad Democrática para inflar sus resultados frente a la guerrilla.Resulta insólito pensar que el gobierno hubiera mandado matar a casi tres mil personas, solo para reforzar un argumento a los ojos de la opinión pública, así como para obtener beneficios en pro de unos militares. Y, sin embargo, a pesar de lo insólito, las recientes acusaciones apuntan a que es la verdad.Durante el período de Uribe no solo se incurrió en actos ilegales al darles espacio político a los paramilitares y hacer interceptaciones no autorizadas a líderes de la oposición, sino que al parecer también se cometieron crímenes de Estado. ¿O cómo más hay que llamar a los falsos positivos?Volver sobre este hecho, así como sobre las chuzadas, nos hace recordar una época no muy lejana y sí muy oscura, donde el gobierno era el primero en infringir la ley con tal de validar sus acciones.Lo mínimo que se le puede pedir a cualquier administración es que respete la ley (a la que representa) y las instituciones, dos máximas sagradas que fueron violadas por el uribismo.Ojalá este oportuno recordatorio del horror sirva para convencer a quienes todavía se encuentran indecisos, a quienes defienden el voto en blanco y a algunos de quienes siguen viendo en el sucesor de Uribe una salida posible.Valga aclarar que si bien quien estaba a cargo de la cartera de Defensa entre 2007-2008, era precisamente el hoy candidato-presidente, Juan Manuel Santos, ya para esa fecha la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos había alertado sobre los falsos positivos y el entonces ministro cambió los indicadores de éxito de la Fuerza Pública para privilegiar las capturas y desmovilizaciones sobre las muertes en combate, precisamente para acabar con esa práctica irregular. Al mismo tiempo, pidió abrir una investigación que derivó en la destitución de 27 oficiales del Ejército, incluidos tres generales, un golpe duro que tuvo que afrontar él mismo, pero donde puso la cara y buscó frenar la hemorragia.Más allá de la dialéctica entre guerra y paz, donde se han ocultado matices y se ha incurrido en todo tipo de simplificaciones, lo cierto es que el domingo se debaten no dos políticas de gobierno sino dos modelos de país: uno que defiende la legalidad, las instituciones y los derechos humanos, y otro donde el fin justifica los medios: abuso de la fuerza, ilegalidad, autoritarismo, o mejor, todos los anteriores. Incluso, si la investigación se materializa, y así se demuestra, crímenes de Estado. Esos son los dos modelos de país que están en juego. Usted escoge si quiere seguir avanzando hacia un futuro sin odios o si prefiere devolverse a esa época reciente pero a la vez remota en cuanto a la forma de gobernar: un tiempo en el que el diálogo entre iguales, simplemente, no era una posibilidad.@melbaes

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