Primos

Primos

Noviembre 21, 2017 - 11:55 p.m. Por: Melba Escobar

¿Por qué los homo sapiens acabamos convirtiéndonos en el mamífero supremo, en una suerte de ‘dictador de República bananera’ de las especies? ¿Por qué ninguna otra, ni los chimpancés, nuestros primos, ni otros humanos, como el neandertal, nos sobrevivieron? Si bien otras especies pueden emitir sonidos y comunicarse a través de gestos, la sofisticación del lenguaje del homo sapiens, va mucho más lejos. Más allá de tener una finalidad meramente práctica, el lenguaje nos permite hablar sobre lo que existe, y sobre lo que no. En otras palabras, la ficción es prerrogativa de nuestra especie, y de ella nace nuestra idea de colectividad, así como nuestro mundo. Este es el tema de De Animales a dioses, de Yuval Noah Harari.

No hay Dios, Biblia ni religión para los monos. Tampoco hadas en el bosque, unicornios, ni un cielo prometido. No van a rezarle a los guardianes de la montaña, como tampoco imaginarán entes abstractos que se vuelven concretos a punta de fe y de normas, igualmente inventadas, como son las empresas, las relaciones comerciales, los gobiernos. También la tecnología, las corporaciones, casi todo, es producto de la imaginación. Entes hechos de ideas, que a su vez están hechas del lenguaje, la materia prima de toda creación colectiva, del mundo que habitamos.

La ficción nos ha permitido construir una identidad. Tener creencias, valores, ideas, que se van tejiendo a través de mitos fundacionales capaces de constituirnos como individuos, pero sobre todo como colectividad. Así, quienes creemos en la historia de Adán y Eva, sea de manera metafórica o literal, integramos una colectividad. De igual manera, la idea de nación, se teje a través de sus mitos, como el de Policarpa Salavarrieta, quien, según la historia lanzó una perorata que empieza con “¡Pueblo indolente! ¡Cuán distinta sería hoy vuestra suerte si conocieseis el precio de la libertad!”. Y termina con “muero por defender los derechos de mi patria”.

Para ser una costurera de pueblo y mensajera del ejército patriota, la Pola parece haber sido muy locuaz, sobre todo después de echar semejante discurso justo antes de ser fusilada. Pero aquí la verosimilitud de los acontecimientos es lo de menos. Lo importante es el poder del mito para congregar, replicarse y compartir un hilo conductor, un credo compartido. La fe va más allá de lo fáctico, se vuelve real en otro plano, uno quizá más elevado y espiritual, capaz de congregarnos en torno a una causa.

En todo lo demás, nuestro primo el chimpancé es casi igualito a nosotros. Vive en manada, hace amistades, se organiza en jerarquías. El miembro dominante se llama un ‘macho alfa’, macho a quien otros del mismo género le rinden pleitesía, así como las hembras demuestran subordinación ante él. El macho alfa tiene como misión mantener el orden en la gavilla, hace respetar la jerarquía, y tal como un monarca, o presidente, se disputa el poder con otros aspirantes a ‘machos alfa’ creando coaliciones que lo respaldan.

Como los políticos, los primos adquieren su poder por su capacidad de liderar una colectividad. Ahora bien, ese mundo imaginado que volvemos real, ese del comercio, las empresas, los partidos, las instituciones, es el que nos diferencia de los primates. Es en nuestra capacidad para trazar un plan imaginado y llevarlo a cabo de forma colectiva, en donde nos hacemos humanos. Quién fuera a creer que la palabra, la que nos ha llevado a ser amos y señores de la creación, también nos conduce, y tan a menudo, a la violencia irracional de los primates.

Sigue en Twitter @melbaes

VER COMENTARIOS
Columnistas