Ni dominar, ni someterse

Agosto 21, 2013 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Cali es una de las ciudades del país con mayor número de víctimas por la violencia de género: en lo que va del año 58 mujeres han sido asesinadas, un tercio de ellas a manos de su pareja. También se han reportado tres mil casos de violencia intrafamiliar en la capital vallecaucana, de los cuales una cuarta parte involucra violaciones. A nivel nacional el panorama no es mucho mejor. En Colombia, cada seis horas, una mujer es abusada por causa del conflicto armado y un promedio de 245 son víctimas de algún tipo de violencia diariamente. A la fecha, muy pocos casos han sido judicializados.En el extremo opuesto, encontramos acciones como el nombramiento de Luz Marina Bustos en la Subdirección de la Policía Nacional. No es poca cosa. Nunca antes en la historia una generala había ocupado este cargo. Porque en la otra orilla de la nación que oprime y maltrata al género femenino, Colombia es uno de los países de la región con más mujeres en cargos directivos, tanto a nivel empresarial como gubernamental. ¿Por qué tan contradictorios?La estudiosa del tema, Hanna Rosin, señala que la situación de la mujer en el planeta ha mejorado sustancialmente en la última década, una tendencia que continúa en aumento. La académica considera que en la historia de la humanidad, los hombres nunca enfrentaron una crisis de identidad mayor. Si bien algunos parecen gozarse este período en el que no necesitan probar su fuerza y su autoridad, a otros el hecho de haber perdido el poderío, los desorienta. Y no es para menos. A la mayoría se les crió en un esquema patriarcal, exigiéndoles no solo ser los proveedores, sino los dominantes en la vida pública y privada. En un escenario donde las mujeres somos cada vez más autónomas, donde proveedores podemos ser todos, y donde más que del género, el hecho de trabajar o quedarse en la casa depende es de los acuerdos, deseos y afinidades que cada quien tenga, el hombre tiene dos caminos: o se impone a la fuerza, o bien se alegra de no tener que seguir llevando a todas partes una máscara de macho alfa. Si fuera hombre, sentiría un gran alivio al tener la segunda opción. Qué carga ser un macho latino. Qué lastre no poder llorar, tener que piropear con obscenidades a las mujeres, orinar de pie y solucionar los problemas a golpes. Qué cansancio sentirse siempre el responsable en el hogar, en el trabajo y en la fiesta; qué pereza tener que imponer la autoridad. Si yo fuera hombre celebraría la igualdad, aunque entiendo que este no es solo un problema de hombres. También sigue habiendo mujeres pasivas, que elijen el sometimiento como modelo de vida. A pesar de eso, la igualdad es creciente y parece imparable.Cada vez habrá más generalas, así como más niñeros y más mujeres taxistas y más porteras y más mujeres piloto y más hombres esteticistas y cada vez el género será menos una condición determinante que restrinja nuestras profesiones, nuestros gustos y nuestro modelo de vida. Celebro entonces el nombramiento de Luz Marina Bustos y espero que los hombres, todos los hombres, más que como una provocación a su masculinidad, vean este tipo de acciones como un logro más hacia la igualdad de géneros, ese territorio en el cual nos habremos quedado sin excusas para ver al sexo opuesto como el antagonista, el enemigo, el contrario al que, en el caso de los hombres, hay que dominar por medio de la fuerza o al que, en el de las mujeres, hay que someterse incluso hasta la muerte.

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