Negocios climáticos

Negocios climáticos

Noviembre 28, 2012 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Al paso que vamos, en el 2060 la temperatura habrá aumentado en 4 grados centígrados, lo que hará la vida inviable en buena parte del planeta. Las enfermedades tropicales se van a disparar, la escasez de alimentos será rotunda, no habrá casi agua, se habrá perdido la mayor parte de la biodiversidad y de los peces en el mar, cuya acidez ya será inmanejable. Eso va a pasar en 48 años, así que quizá, puesto en perspectiva, ese trozo de mar que se llevó Nicaragua, no sea gran cosa. Para entonces, será más cloaca de lo que ya es ahora y no habrá peces ni arrecifes, así que no hagamos tanto escándalo. A esto hay que sumarle los diluvios, ciclones, brotes de calor y la devastación de ciudades costeras por inundaciones. Todo esto lo dice un informe reciente del Banco Mundial del que poco se habla, pues a fin de cuentas son los mismos funcionarios, cuyo trabajo es alertar sobre el drama, pero que realmente no han conseguido nada. Los países se reúnen en las cumbres sin llegar a ponerse de acuerdo y para muchos, el hecho de que el atún esté por extinguirse es una razón de más para ordenarlo a la hora del almuerzo. Cada quien hace como le place, tendencia que sólo parece aumentar con el paso del tiempo, por más alertas e informes de organismos internacionales. En China, donde hay 35 mil expertos en clima, es usual usar métodos como inyectar cloruro de plata a las nubes durante las sequías para hacer llover; el país asiático gasta 40 millones de dólares anuales en manipulación de la atmósfera. En México existe el millonario Programa de Estimulación de Lluvias de la ciudad de Zacatecas, donde también programan lluvias artificiales. Ya existen empresas dedicadas a este nuevo y promisorio sector empresarial, como es la Weather Modification Inc. dedicada, como su nombre lo indica, a modificar el clima. De nada sirve que organismos ambientales como el Ideam insistan en que el marco internacional está en contra de las medidas de control del clima y a favor de su estudio y monitoreo. Nadie escucha. Y entre más fuertes suenan las alarmas, menos escuchamos y más salimos despavoridos cada cual a buscar su experto que lo asesore o su último plato de mero a la parrilla antes que no quede ni uno. También los chamanes han sacado su tajada laboral en este caos. Personajes como Jorge Elías González en Colombia, proliferan en el mundo. En la misma región de Zacatecas, antes del yoduro de plata, contrataron a un chamán que instaló un mapa astral para controlar la lluvia. Pero provocar a las nubes se ha vuelto tan urgente como apaciguarlas. En 2005 el huracán Katrina dejó sin casa a 4 millones de familias. En 2007, 20 días de aguaceros continuos dejaron 30 millones de damnificados en la India, Paquistán, Nepal, Bután y Bangladesh. La lista de ejemplos no alcanza a caber en este espacio. Lo cierto es que el calentamiento global ya está causando estragos y todos queremos encontrar una solución en el supermercado. Lo triste es que a pesar de los caprichos y de todo el dinero que estemos dispuestos a pagar por un diluvio o una sequía sostenida, el servicio al cliente no ha llegado a niveles metafísicos, no hay un Dios que trabaje a sueldo por el control climático y no existe una solución definitiva que podamos conseguir a nivel individual. En pocos días viene otra Cumbre en Qatar. Sin el ánimo de ser aguafiestas, me uno a quienes piensan que este es otro fracaso anunciado.

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