Mujeres y poder

Mujeres y poder

Febrero 27, 2018 - 11:55 p.m. Por: Melba Escobar

Leyendo Mujeres y poder de Mary Beard vine a saber que las mujeres teníamos rotundamente prohibido hablar en el mundo clásico, salvo para expresarnos en calidad de víctimas o mártires, situación frente a la cual recibíamos un ‘permiso’ para decir unas palabras frente a un auditorio, por lo general como preludio a la muerte. Las mujeres eran representadas gritando su fe antes de ser arrojadas a los leones. La virtuosa Lucrecia tiene voz solo para denunciar al violador y anunciar su propio suicidio.

Es así como desde antes de Cristo las mujeres hemos tenido el dudoso privilegio de poder hablar si lo hacemos como defensa propia. Para todo lo demás debíamos (¿debemos?) callar. Aún hoy una mujer hablando en conjunto en nombre de la comunidad resulta un exabrupto. ¿Por qué? ¿De dónde ha venido esta idea de que las mujeres podemos hacer una carrera pública solo en tanto que nos ocupemos de ‘temas de mujeres’ y nos convirtamos en abanderadas de nuestro género? La lucha por la conquista de los derechos femeninos, el discurso y las causas de las mujeres son esenciales. Y, sin embargo, ¿Por qué tendríamos que estar acotadas a ‘temas de mujeres’? Somos, tanto como los hombres, parte del género humano. ¿Por qué entonces restringirnos a un ‘nosotras’?

El caso es que mujeres que hablan de mujeres, de moda, de bebés, floreros, papillas, chismes, partos o farándula, parecen causar menos malestar que mujeres que aspiran al poder. ¿Por qué? No tengo la respuesta. Pero sí creo que la verdadera igualdad habrá llegado el día en que hayan hombres dedicados al activismo de género, hombres deseosos de quedarse en casa cuidando de sus hijos y mujeres con la expectativa de trabajar doce horas diarias. Que cada quien elija su propio destino, que este no quede restringido por el molde biológico en donde venimos empacados.

Pero eso es un ideal. En la vida real, si una mujer quiere tener una carrera en la política, en los negocios o en las ciencias, seguramente tendrá que atravesar más pruebas que un hombre en las mismas condiciones, pues tendrá que probar que, ‘a pesar de ser mujer’, tiene las capacidades para asumir el reto. ‘A pesar de’, como si ser mujer fuese una deficiencia congénita.

En el contexto de la política nacional se han destacado mujeres como María Emma Mejía, actual embajadora ante la ONU, y Noemí Sanín. En ambos casos, habría que decir que sus atributos físicos han sido ampliamente comentados, algo que nunca o casi nunca ocurre en el caso de los políticos hombres.

Por primera vez en Colombia una mujer encabeza una lista al Senado, como es el caso de Ana Paola Agudelo del grupo Mira. Así mismo, Marta Lucía Ramírez compite por la posibilidad de aspirar a la presidencia. Por su parte Clara López y Claudia López, a lo que más pueden llegar es a ser fórmula vicepresidencial. ¿Tiene eso relación con sus capacidades, su hoja de vida o su género? Lastimosamente creo que para su carrera el género es más una debilidad que una fortaleza.

La desconfianza que genera una mujer en una posición de poder data de miles de años atrás. Sí. Es un pesado equipaje y aun nos tomará tiempo librarnos del lastre de los prejuicios. Pero por lo pronto, a modo de comienzo, valen las preguntas. ¿Por qué frente a una mujer candidata lo primero que suele comentarse es su aspecto, su tono de voz, su modo de vestir, su vida privada? Preguntas que, aun en pleno Siglo XXI, pueden encender una alarma sobre los velos que nos cubren la mirada.

Sigue en Twitter @melbaes

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