Mujeres de otro mundo

Mujeres de otro mundo

Noviembre 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Según la página del Reinado Nacional de Belleza: “La señorita Colombia debe sumar a su belleza, notables cualidades intelectuales y valores que la proyecten como un modelo integral de mujer, además de una personalidad que acompañe sus rasgos físicos con un alto sentido de pertenencia que la identifique con la realidad de su país”. Nótese las prioridades: primero está la belleza, luego las cualidades intelectuales, después los valores. Esto sin mencionar que el párrafo continúa diciendo que debe tener “una personalidad con un alto sentido de pertenencia”. Más allá de calificar la redacción, habría que preguntarse qué significa tener una “personalidad con alto sentido de pertenencia”. Están llamando “rasgo de personalidad” a un requisito chovinista y patriotero: “Como rasgo de personalidad debes decir que tu país es lo mejor”. Así, ante la pregunta de ¿cómo definirías Colombia?, hecha en la ceremonia de este año, escuchamos un trabalenguas confuso donde salieron palabras como belleza y diversidad, para acabar con un enredo de los mil demonios. Pero no hay que culpar a la Señorita San Andrés, ni tampoco a la de Atlántico que resultó elegida por referirse a las nacidas en otros países como “mujeres del otro mundo”.Y es que estas chiquitas en tacones son sometidas al escarnio de sus traseros, sus bustos y sus rostros, donde el adjetivo más frecuente suele ser “angelical”.Pero no contentos con eso, la organización las sube al estrado en donde se les hacen unas preguntas complicadísimas que no tendrían por qué saber responder. Pasan el día en el gimnasio, en sesiones de masajes, maquillaje y pasarela, pero una vez en el escenario deben hablar sobre el país, sobre la mujer ideal, sobre medio ambiente y espiritualidad. Es obvio que en un reinado de belleza lo importante es, como su nombre lo indica, la belleza. Pero entonces por qué tanta farsa, tanto hablar de los valores, por qué usar la palabra “intelectual” en un concurso donde miden a las mujeres como si fuesen ganado, por qué decir que la triunfadora es una “líder de causas nobles” y de “actividades que promueven el desarrollo social”, cuando las mujeres se postulan para acabar de diputadas, presentadoras de televisión, actrices de telenovela o esposas de personas influyentes, cuando no de compañeras de individuos con prontuario judicial. Tal vez la buena noticia es que el reinado en Colombia, como Miss Universo en el mundo, va perdiendo audiencia año tras año. Ya la gente no dice, como pasaba hace pocos años: “Es que nos robaron la corona por razones políticas”. Ya, poco a poco, las cosas van volviendo a su justa medida.No es de extrañarse que la mayoría de las cinco finalistas en Miss Universo sean de países en desarrollo, posiblemente para mantener la audiencia en los pocos lugares donde todavía existe. Son mujeres en sepia, quienes como el concurso, se han quedado estáticas en una imagen antigua de persona sumisa y complaciente. La señorita Colombia hizo bien al referirse a “las mujeres del otro mundo”. Y sí la figura de reina en el planeta de hoy es casi una marciana viviendo un modelo que era vigente hace décadas, jugando a los disfraces de trajes típicos y respondiendo con frases crípticas y sin sentido a preguntas complejas salidas de un sombrero. Mirándolas antenoche me pareció todo tan infantil. La ilusión de recibir un cetro y una corona y de ser nombrada “la mujer más bella del país”, definitivamente, es una historia que parece de otro mundo.

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