Madre no hay sino una

Madre no hay sino una

Marzo 30, 2016 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Recientemente leí el libro de Paola Guevara, editora y columnista en este diario, Mi padre y otros accidentes. Me conmovió la forma natural y sincera con que narra su propia historia, la de una niña que crece entre una madre ausente y cruel y la ilusión de encontrar a un padre, sueño que se hace realidad cuando ella tiene 34 años. La novela permite asomarse a los prejuicios que construimos sobre las familias. Desde los chistes como “padre es cualquier…” o “madre solo hay una”, vamos tejiendo un universo de estereotipos que entran a conformar nuestro sistema de creencias: aunque la madre haga algo terrible, no faltará quien diga “pobrecita tu madre”, “seguramente mintió por amor”, “sea como sea es tu madre y debes perdonarla”, como le decían a la autora. Las madres suelen ser vistas como una suerte de heroínas o santas, como unos seres siempre dispuestos al sacrificio, limpios de pecado, a quienes todo hay que perdonar y permitir. Incluso las madres hirientes, las madres crueles, las madres desesperadas, o aquellas que se ven sometidas a la maternidad como quien se ve sometido a un cepo que limita su libertad, deben agradecer su embarazo como si fuese un estado de gracia: “Un hijo es siempre una bendición”, “un milagro que mi Dios le dio”, “agradezca que tiene el don de traer vida al mundo”.Pero, ¿qué pasa si esa mujer no desea ese hijo, si sus condiciones físicas, mentales o sociales no le permiten hacerse cargo de él, si sencillamente no quiere hacerlo, si no se siente en condiciones, si tiene miedo, rabia o desapego? ¿Aun así debe primar un embarazo, aun cuando el embrión no es más que células? ¿Aun así debe venir al mundo un niño solo para que su madre pueda sentirse, a menudo a pesar de sí misma, una santa, una heroína, una sacrificada, todopoderosa, pura, sufrida, mártir involuntaria? ¿Por qué queremos hacer de la maternidad una suerte de altar a la divinidad? ¿Por qué?Si bien nunca pensé que podría estar de acuerdo en algo con el exfiscal Montealegre, debo decir que lo estoy totalmente con su propuesta del aborto sin restricciones. Dudo mucho que tengamos la madurez, como sociedad, para aprobarlo, pero creo que al menos hay que dar la discusión y que como mínimo se cumpla la ley vigente. La sentencia C355/06 que aprueba el aborto en tres casos fundamentales: violación, malformaciones del feto que hacen incompatible la vida fuera del útero y riesgo para la salud física o mental y la vida de la madre, se ha visto sometida a toda clase de obstáculos para su implementación. De más de 400 mil abortos al año en Colombia, pocos más de 300 se hacen a través del sistema de salud. Según estudios de Profamilia y Women's Link Worldwide, esto tiene que ver con que todavía los funcionarios presentan toda clase de obstáculos para llevar a cabo su práctica. A esto se suman los mitos, como que un aborto puede afectar la fertilidad o puede desangrar a la paciente. Manipulación. Oscurantismo retrogrado. Subyugación de la mujer, sometimiento compensado con promesas de beatitud, llevan a que el 70% de los niños que nacen al año en Colombia sean no planeados y de ellos cerca del 35% no son deseados. Resulta verdaderamente lamentable en pleno Siglo XXI una política pública que asume la maternidad como un mandato divino al cual la mujer debe someterse con resignación, y no como una libre elección que se toma con responsabilidad y autonomía. Resulta doloroso pensar que “madre no hay si no una” y a unos cuantos millones de colombianos por nacer les tocará justamente la que no los quiso y, en muchos casos, nunca los querrá.@melbaes

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