Los ofendidos

Junio 25, 2014 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Nicolette Van Dam es una holandesa de quien no teníamos noticia en Colombia hasta que a la modelo y actriz se le ocurrió utilizar su cuenta de Twitter, con 258 mil seguidores, para difundir el montaje de una fotografía en donde Falcao y James Rodríguez aparecen aspirando una línea de espuma de las que usan los árbitros en el Mundial para marcar tiros libres, como quien inhalara cocaína. La broma es floja, como suele ser el humor basado en estereotipos, pero al fin y al cabo es una broma. Sin duda es políticamente incorrecta, refuerza el estigma de una nación mafiosa, ¡pero es una broma! Además de modelo y actriz, Van Dam era embajadora de buena voluntad de Unicef en Holanda, hasta poco después de haber enviado ese trino. La mujer, que desde el 2010 venía adelantando un trabajo con niños, renunció, después del pronunciamiento del gobierno colombiano: “A nosotros unas disculpas no nos sirven, esto tiene que ir mucho más allá. Es un irrespeto a Colombia y al pueblo colombiano y a una juventud que está llena de ilusiones”, dijo la canciller María Ángela Holguín en tono dramático y no del todo elocuente, pues cabe preguntarse, ¿esa juventud llena de ilusiones a la que ella se refiere, de qué manera se ve afectada por el trino? Si bien se trata de un chiste pesado, pienso que la reacción del gobierno y los medios es una muestra más de lo poco (o nada) que sabemos reírnos de nosotros mismos. Ya en columnas anteriores he mencionado ese fenómeno nacional, donde parece afectarnos más como nos ven que como estamos. En su momento, el alcalde de Medellín Aníbal Gaviria se dedicó a boicotear un documental que mostraba la violencia en las comunas, como si el problema fuese el video donde se hablaba de los niños sicarios, y no el que los niños se maten entre sí. Tenemos esta enfermedad que se llama ‘¿Qué irán a decir los demás?’, una enfermedad que hace que las mamás le digan a sus pequeños: “¿Qué irá a pensar la visita?”, con esa lógica donde “hay que portarse bien mientras a uno lo están mirando”. La misma lógica que nos hace “no tomar trago porque hay Policía” y no porque seamos conscientes de los riesgos. A la reacción del gobierno y la indignación de algunos medios, se suma una carta, ya con cerca de diez mil firmas, donde un grupo de colombianos “exige un severo castigo” a la modelo. A mí personalmente me molesta que ‘los colombianos’ como si fuésemos una entidad concreta, específica y determinada, ‘firmemos’ una carta en tono amenazante. El tono agresivo de la carta, y la forma torpe como confunde ‘racismo’ con estereotipos de nacionalidad, me resulta vergonzoso y si bien “soy colombiana” no comulgo con ese tipo de iniciativas. Paradójicamente, la virulencia con la que se ha querido castigar a Van Dam (han llegado a amenazarla de muerte) solo corrobora que somos un país violento, con serios problemas de autoimagen, dos apreciaciones a las que un amigo dice que hay que agregar la de “nación bipolar”. Y es posible. Pues en los últimos años no hemos hecho más que ver, producir y exportar narconovelas ‘made in Colombia’, pero si alguien hace una broma sobre nuestra identidad mafiosa, entonces lo amenazamos de muerte. En vez de pedirle que se disculpe, me parece que ahora somos nosotros quienes tenemos que pedirle disculpas a Nicolette Van Dam. Tristemente nuestras reacciones solo refuerzan el estereotipo difundido en esa foto trucada: la de un narco país violento.

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