Lo que Hay y lo que falta

Lo que Hay y lo que falta

Febrero 04, 2015 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Después de diez años en Cartagena, el Hay Festival sigue ofreciendo una programación robusta, cada vez más abierta a las ideas que mueven la agenda global. En 2015, contó con dos premios Nobel, Jean Marie Le Clézio (Literatura) y Jody Williams (Paz), así como con autores como Almudena Grandes, pensadores como Moisés Naím y cineastas como Lucía Puenzo. De Colombia hubo autores como Héctor Abad y Juan Gabriel Vásquez. Como siempre, las charlas, en su mayoría de literatura, pero de forma creciente abarcando otros temas como la música, el poder en el Siglo XXI, el conflicto armado, entre tantos otros, fueron estimulantes, incluso iluminadoras. El Hay Festival es sin duda un invento magnífico, una celebración al pensamiento crítico, a la inspiración, a la literatura y al conocimiento. Claro, si uno se pone a mirar más de cerca, a fijarse en los personajes del público, muchos de ellos más pendientes del atuendo que se vestirá en alguna de las tantas fiestas que se celebran en la noche que en la charla a la que asiste, el evento pierde su única connotación cultural, y pasa a ser también un lugar donde las élites colombianas se codean, en el sentido más literal posible, desde los palcos de espacios como el Teatro Adolfo Mejía. Lo cierto es que no es la misión del Hay romper con la desigualdad en La Heroica, el problema es más de una sociedad estrecha que hace de una celebración al conocimiento una fiesta VIP. Por su parte el Festival ha llevado autores a barrios marginales de Cartagena, ofrece acreditaciones gratuitas a los estudiantes y nos trae una programación de primera. Creo que eso no es poca cosa. Aunque si algo falta, es un acercamiento al país, a la comprensión de su identidad y de su historia, como ocurre con el Hay de Gales, donde el territorio es protagonista. Hace unos años en un colegio del barrio El Pozón al que acompañé a algunos autores invitados, un niño espontáneamente expresó que hasta ese día había creído que “todos los escritores estaban muertos”. A este comentario lo siguió una sentida carcajada por parte de los escritores ingleses que asistieron al evento, pero en el fondo, dejó un mensaje, que el conocimiento no puede ser para los niños y los jóvenes una cosa de libros viejos empolvados en una biblioteca, algo que les resulta ajeno a su vida y a su contexto, pues esa es la noción que tienen la mayor parte de estudiantes en nuestro país. Si el conocimiento aparece como algo severo, castigador, alejado a nuestras vidas, de difícil acceso y comprensión, no podemos pedirles que sientan un interés por él. Y eso es lo que tiene una propuesta como el Hay: cercanía. Al igual que en el Carnaval de las Artes de Barranquilla, el creciente público es una muestra clara de hasta dónde en Colombia estamos ávidos de nuevas ideas, de otras formas de reírnos, de pensar y de entender el mundo, desde formatos más frescos y dinámicos, escuchando otras voces y acercándonos a otras miradas sobre la realidad. Tal vez lo que nos falta son muchos más festivales como estos a lo largo y ancho del territorio. Un país que genere espacios abiertos y sin murallas de por medio, podrá comenzar a cambiar esquemas de pensamiento, que poco a poco vayan permeando las aulas y las formas de enseñanza. Para comenzar, ojalá en Cali se creara un evento en torno a la lectura y la escritura, donde estas aparezcan como las herramientas vitales del conocimiento y la creatividad. Eso sí que falta.

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