Las otras guerras

Las otras guerras

Febrero 06, 2013 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Pasearse por los titulares de los diarios nacionales deja perturbado a cualquiera. Y es que aparte de casos sonados que han sacudido al país como el de Rosa Elvira Cely, lo cierto es que la miscelánea de horrores está en todas partes y no da tregua. En el transcurso de menos de una semana supimos de una mujer con siete meses de embarazo asesinada en Cali tras el ataque de un sicario (el bebé sobrevivió); del crimen, causado por 47 puñaladas, de una mujer a su ‘amiga’ para robarle el bebé de un mes de nacido en Sopó, Cundinamarca; de la violación y apedreamiento de otra mujer en Ginebra, Valle; de la captura de los integrantes de una banda de microtráfico sindicada de cometer 35 homicidios, incluyendo decapitaciones y desmembramientos, en Tulúa; del hallazgo de un cura muerto y amarrado en Riosucio, Caldas. Y así podríamos seguir hasta llenar muchas páginas. También están las muertes causadas por las organizaciones ilegales, de las cuales tenemos noticia en los mismos medios. Sin embargo, lo que más llama la atención de las cifras -14.670 asesinatos en el 2012- es con qué facilidad nos matamos los unos a los otros en Colombia, en todas partes, más allá de la situación en zonas donde el conflicto armado es el pan de cada día. Con esto quiero decir que, aparte del conflicto interno, existen esas otras guerras más sangrientas e invisibles que dejan un rastro de sangre mayor. Según cálculos oficiales, el 47% de los homicidios en Colombia son causados por ‘violencia instrumental’, es decir, ajustes de cuentas, narcotráfico, extorsión y otras modalidades. El 37% se debe a riñas y diferencias mal resueltas, con mucha frecuencia entre conocidos. El 5% responde al hurto y sólo el 2% responde a grupos armados al margen de la Ley. Eso quiere decir que si todo sale bien en La Habana y logramos negociar la paz con las Farc, todavía nos queda al menos un 98% de asesinatos atribuibles a causas diferentes a la violencia guerrillera. Durante el período de Santos el pie de fuerza ha sido incrementado en 11 mil policías en las 20 principales ciudades de Colombia. Sin embargo, está claro que las medidas de seguridad no pueden ser la única estrategia contra la violencia. ¿Por qué matar a la amiga, al profesor, al colega de trabajo, al vecino, a la madre, al padre o a la novia? ¿Por qué pasa eso con tanta frecuencia? ¿Es falta de educación, de oportunidades, el legado de la violencia que se lleva en la crianza y en la cotidianidad y hace que muchos colombianos no conozcan otra respuesta ante la frustración, el dolor y la ira? ¿Cómo se negocia esa tregua en esas otras guerras diarias ocultas al interior de los hogares, las escuelas, las esquinas de los barrios más desfavorecidos? ¿Quién está detrás de una estrategia de paz en estos escenarios? ¿Cómo se consigue que haya una justicia efectiva en los territorios privados? Cali tiene el número de homicidios más alto del país con 1.819 muertes en el 2012. Pasto y Bogotá, tienen unos de los peores índices de victimización de sus habitantes, mientras que Medellín continúa con problemas serios en sus comunas. Para cientos de miles de personas en las principales capitales, llegar a su casa al final de cada día es un tema de vida o muerte. Y no están en el monte, ni en la selva. Están en las grandes ciudades, donde se supone falsamente que estamos lejos de la guerra.

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