La sangre caliente

La sangre caliente

Junio 20, 2017 - 11:55 p.m. Por: Melba Escobar

Coincide, dudo que casualmente, la dejación de las armas con el atentado del Centro Comercial Andino. Como en un teatro del absurdo, repetimos los mismos gestos a los que nos han ido llevando la historia de odios y desilusiones. No han pasado dos horas desde la noticia y ya circulan toda clase de teorías en las redes sociales. Que fue la derecha, para deslegitimizar el Proceso de Paz. Que es una prueba más de que vivimos bajo un Estado fallido. Que es evidencia de la ineptitud de Santos. Que es culpa del alcalde Peñalosa. Que seguro han sido los “terroristas de las Farc”, que si estuviera Uribe al mando, otra sería la situación.

Me entristece sentirme tan poco sorprendida, frente a un país habitado esencialmente por patriotas de sangre caliente. Los mismos hinchas que matan, acuchillan o patean al del equipo contrario a las afueras del estadio, lanzan consignas babeando rabia ante la primera provocación. Como si cada evento, bueno o malo, trágico o positivo, tuviese la única función de probar nuestro punto, reafirmar nuestra fe casi religiosa en un equipo, un mandatario, una idea, cualquiera que sea.

Pensar en diez personas que terminan heridas y tres mujeres muertas un sábado por la tarde, día en que la gente iba al cine, o hacía las compras del Día del Padre, es infame. Y, sin embargo, el oportunismo no da tregua. Tampoco escucha razones, ni respeta víctima alguna. Todo sirve para atizar odios, señalar incompetencias y capitalizar la desgracia ajena en beneficio personal. Para ser más precisos, todo sirve para labrar el camino hacia la Casa de Nariño en 2018. Sea pues el atentado del Andino ocasión ideal para desatar campañas presidenciales, para animar a fanáticos de izquierda y de derecha, para oprimir los botones que disparan el pánico, con el fin de prometer la salvación.

Pero no todo está escrito, como en una tragedia predestinada. Al final, es el pueblo quien decide. Bien podemos caer en el juego sucio de los políticos de turno, donde tanto la derecha como la izquierda comulgan con el oportunismo, o hacernos a un lado, esperar el resultado de las investigaciones con serenidad y cordura, y sólo darle lugar a la solidaridad y la unidad en un momento de duelo que debería dolernos a todos por igual, a toda la sociedad civil, a todos quienes ansiamos la paz y lamentamos la tragedia de un compatriota. Pero no. La muerte trágica de una dos colombianas y una francesa es gasolina para la polarización social y política que tanto daño nos ha hecho ya.

El falso mensaje de WhatsApp escrito por el expresidente Uribe y publicado simulando haber sido enviado por un empresario preocupado por la situación del país, fue la cereza en el pastel de los engaños oportunistas. Cuando se le hizo ver que al estar en verde y aparecer a la derecha y no en blanco a la izquierda, era evidentemente escrito por él y no recibido, lo borró. ¿Cómo es que el destino del país está en gran medida en manos de un mitómano desalmado? ¿Cómo es que este hombre lleno de odios y comportamiento senil se teme que definirá las elecciones de 2018? ¿Será pues Uribe el reflejo de un pueblo envenenado, mentiroso y mezquino?

Sea el candidato de Uribe, Vargas Lleras, Petro, o quien quiera que quiera capitalizar la desgracia ajena para su propia causa política, somos los ciudadanos quienes tenemos en nuestras manos la alternativa de seguir sus designios como un rebaño enardecido o, bien, pensar con sangre fría y, sin prisa ni rabia, buscar otro camino. El destino del país también está en nuestras manos.

Sigue en Twitter @melbaes

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