La paz tan anhelada

La paz tan anhelada

Diciembre 19, 2017 - 11:55 p.m. Por: Melba Escobar

Aunque voté por los acuerdos de paz, también hice varios reportajes sobre los temores que vivían líderes sociales especialmente en el Pacífico. Muchas de las muertes de líderes sindicales y sociales, estaban más que cantadas. 2017, ‘el año de la paz’, se cierra con un incremento en los indicadores de desplazamiento forzado, por parte de bandas, disidentes de las Farc, ELN, entre otros. Según la ONU, este año está terminando con más desplazados que 2015, cuando había un actor armado más en el conflicto.

Lo cierto es que nadie prometió que la violencia cesaría el día después de la firma. Pero tampoco estaba claro que el conflicto iba a recrudecerse. Quizá la prioridad era otra. La firma primero, el cese al fuego, la entrega de las armas. Fin. Y ahora habrá que pensar en un paso siguiente. ¿Pero cuál, exactamente? La retórica de la paz está pasando por un mal momento. Y si tenemos un Estado débil, ausente en algunos puntos del país, que permitió el desencadenamiento de la guerra, para comenzar, ¿Por qué va a poder resolver hoy lo que no pudo resolver en más de medio siglo?

Quizá los desplazamientos, los asesinatos a sindicalistas, la grave situación que afrontan los indígenas, sea una fase. Aunque no lo parece. Más parece la continuación de un conflicto recrudeciéndose por la puja frente a unos territorios abandonados por uno de los actores armados. Lo cierto es que el gobierno mostró su eficacia en conseguir los acuerdos, pero solo con el paso del tiempo será valorado este logro por los resultados concretos que coseche. La promesa de la paz era también una promesa de garantizar protección a comunidades como la afro en el Pacífico colombiano (Tumaco está viviendo un infierno) o comunidades indígenas como los Awá. Nada de eso está pasando. La indolencia y negligencia institucional con los criminales es pan de cada día en esos territorios. La concentración en la letra menuda de los acuerdos era suficiente reto como para no dejar espacio a su aplicabilidad, o así parece ahora, cuando vemos que el papel está lejos de traer las soluciones consigo. En un llamado de atención de organismos internacionales, así como de la Corte, el gobierno colombiano ha sido señalado por no estar reaccionando a la ola de violencia con la premura que se requiere.

Conclusión: Haber alcanzado un acuerdo de paz es un logro mayúsculo. Sin embargo, la falta de autocrítica, el silencio cuando habría que pronunciarse, el descuido con las comunidades más vulnerables, dejan mucho que desear de este gobierno. Nos queda menos de un año con un presidente que luce orgulloso su medalla de Nobel de paz. Santos casi parece más concentrado en pavonearse frente a la comunidad internacional con sus modales aristocráticos y su impecable inglés, que en proteger a quienes más lo necesitan. No estaría de más pedirle, como sé que harían tantos ciudadanos, un último esfuerzo suyo y de su gabinete por hacer presencia, física y mental, en el país. Especialmente en los departamentos de Chocó, Nariño, Antioquia, Valle del Cauca y Norte de Santander, que tanto lo necesitan. Ya pronto, a partir de agosto próximo, podrá dedicarse a recorrer las mejores universidades del mundo cobrando cifras de varios ceros en dólares por sus conferencias sobre cómo fue haber alcanzado la paz tan anhelada.

Sigue en Twitter @melbaes

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