La guerra por la paz

Mayo 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

De todo lo sucedido el pasado 25 de mayo, lo que más me sorprende es el desconcierto de algunos frente al primer lugar de Zuluaga.Ya Uribe ganó la primera vez, y ganó la segunda, ganó la tercera a través de Santos y ganaría la cuarta a través de Zuluaga. ¿Entonces por qué ahora tanta histeria colectiva?Lo extraño es que gane Santos, quien de candidato uribista en 2010, pasó a convertirse en el símbolo de la paz en 2014. Y no es para menos, pues nunca habíamos llegado tan lejos en los diálogos. Estamos viviendo un momento histórico, y como a muchos, me parece un error nefasto que Zuluaga quiera acabar con las negociaciones.Pero aún así y aunque votaré por el presidente candidato, no me considero santista, ni me resigno a entrar en esa dinámica binaria donde “si no quiere la guerra, vote por Santos” en un esquema que parece encubrir el mensaje de “solo los H.P. votan por Zuluaga”, como literalmente se puede leer en las redes sociales.También los seguidores de Zuluaga tienen consignas como “si quiere regalarle el país a la guerrilla, vote por Santos”, “si quiere impunidad, vote por Santos”, “si no le importan las víctimas, vote por Santos” que podría resumirse en el mencionado “si es un H.P. vote por Santos”.Si al fin y al cabo, Zuluaga y sus seguidores están a favor de la guerra, no se espera de ellos que jueguen limpio, ni que elaboren demasiado su discurso. Me sorprende sí que Santos juegue al “si no vota por mí es porque quiere una guerra sin fin”. Su mensaje me parece agresivo (más en el candidato de la paz) pues es seguir perpetuando el discurso polarizado que supuestamente critica. “Zuluaga: malo”, “yo: bueno”.Por otro lado, ¿por qué un candidato-presidente a quien el país le ha pedido resultados en temas como salud, pensiones, educación, y a quien se le ha pedido desarrollar sus propuestas frente al posconflicto, no propone ningún cambio sustancial frente a los próximos cuatro años? En efecto, cuenta con un estupendo equipo negociador, pero más allá de eso, más allá de la paz: ¿El plan de gobierno 2014-2018 va a ser una réplica del plan 2010-2014? Me temo que muchos colombianos no se sienten escuchados, y la campaña de Santos no da muestras de haber procesado las peticiones que le hacen a su gobierno.Admito que me cuesta trabajo olvidar que Santos era el Zuluaga de Uribe. Era el hombre que encaramado en una tarima gritaba con un micrófono hace apenas cuatro años “¡Un aplauso al mejor presidente que ha existido en la historia de Colombia!”. Tampoco me olvido del escándalo de los falsos positivos, ni de su discurso guerrerista cuando era ministro de Defensa, cuando sonreía en televisión al hablar de las bajas guerrilleras, ni de su triunfalismo con la operación Jaque y su placer de tener, finalmente, el protagónico por el que tanto se esmeró. Todavía recuerdo cómo lo criticábamos muchos de quienes hoy lo defienden a capa y espada o insultan y agreden a cualquiera que le haga una crítica a su “candidato de la paz”. En la campaña del “¿Lleva la paz, o lleva la guerra?” nos estamos convirtiendo en hinchas de uno u otro candidato, más que en ciudadanos en ejercicio del pensamiento crítico. Hacerle una crítica al presidente candidato no nos convierte en H.P., traicioneros ni guerreristas. Se puede querer la paz y la reelección sin jugar al todo o nada y bastante bien le haría a la segunda vuelta, un país exigente, analítico, y no una banda de hooligans durante un clásico.

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