La furia paisa

La furia paisa

Febrero 22, 2012 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Cali y Medellín tienen más de una razón para compararse. Las dos se han disputado el puesto como la segunda más populosa de Colombia, la de las mujeres más bonitas, el mejor fútbol, el clima más agradable o la mejor comida. En lo malo, se han peleado el lugar de la más violenta, la que pone más muertos, la que tuvo el cartel más poderoso y con mayor control sobre el negocio de las drogas, la que suma más comunas, más pandillas, más sicarios. Así solía ser en los años 80 y en parte de los 90, cuando pasé mi infancia en Cali y mi adolescencia en Bogotá, y veía a Medellín como “la otra”, del mismo modo que un hincha de un equipo ve al rival, a sabiendas de que cualquiera de los dos puede ganar el partido.Pero en algún momento, la cosa cambió. Cali se fue quedando rezagada, y mientras Medellín maduraba, salía de sus épocas más oscuras y se convertía en el modelo de administración pública que es hoy, con una empresa privada comprometida con el desarrollo social de su ciudad y su departamento, con una ciudadanía cívica y con un fuerte sentido de pertenencia, con un ejercicio de la institucionalidad creativo, responsable y emprendedor, la capital del Valle seguía dando noticias por la violencia, la corrupción y las muertes.La racha de malos alcaldes y la precaria institucionalidad de esta última, no han ayudado. Los académicos se apresuran a explicar: es que creció aceleradamente, es que estamos en el trópico, es que el sector privado es muy pasivo, es que no ha habido presidentes vallecaucanos, es que es un departamento muy joven, etc.Se diría que están más preocupados por explicar sus fallas, que por corregirlas. Pero también es verdad que con Rodrigo Guerrero en la alcaldía son muchos más los optimistas. Por eso, puede ser la hora de volver a mirar a Medellín y preguntarse: ¿Qué pasó?Hay que ver los editoriales de El Colombiano y El Mundo de días pasados. Además de llamar populista a Juan Manuel Santos, los diarios señalan la preocupación de que no haya inversiones suficientes en la región. En respuesta, el Presidente se comprometió con las Autopistas de la Montaña, así valgan el triple que cuando nació el proyecto. Ya tienen metro, túnel a Santa Fe de Antioquia y aeropuerto en Rionegro, pero eso no es suficiente.¿Y la autopista Buga-Buenaventura? Cuesta $1,4 billones y va atrasada respecto al cronograma, pero no hay paisas que peleen por ella. Si a esa obra se le suma la malla vial del Valle del Cauca, que hoy costaría alrededor de $1 billón, la cifra apenas si llega a la quinta parte de los $15,6 billones de las Autopistas de la Montaña. Tan solo el metro de Medellín costó más de US$2.000 millones en su momento, asumidos en buena parte por la Nación.No es justo que una región reciba buena parte de los recursos del país sin que se dé un debate nacional frente al tema; sobre todo cuando algunas zonas están sumidas en la pobreza, como sucede especialmente con el Pacífico colombiano, con Cali como su centro. Así como los paisas parecen tener un proyecto para impulsar su ciudad y jalonar a Antioquia, Cali tiene una responsabilidad con su desarrollo, con el Valle, con el Cauca y con el puerto de Buenaventura, la principal puerta de entrada al país.En resumen, si Cali no puede exigirle a la nación la inversión que le corresponde, entonces difícilmente hay una capital en Colombia capaz de hacerlo. Claro, sin contar a Medellín y su poderosa furia paisa.

VER COMENTARIOS
Columnistas