Hombría

Hombría

Diciembre 26, 2012 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Cuánto camino recorrido del hombre Marlboro a George Clooney. Cuántas acepciones ha tenido el bigote, el pelo en pecho, el sombrero, la barba. La identidad masculina ha pasado por muchos cambios en las últimas décadas y hace tiempo que sobra el término ‘metrosexual’ para referirse al macho que se depila, se unta cremas y consigue el bronceado perfecto en una máquina. Ahora es sólo un hombre. No es visto como menos varón por asumir su vanidad de forma activa. Creo, como buena parte de las personas que defienden las libertades, que nos tocó el mejor de los mundos. Tener la posibilidad de elegir es un privilegio que no todas las generaciones han vivido. Aunque claro, los cambios no siempre llegan sin dejar algunos traumatismos, como los que algunos consideran son las sentencias recientes de la Corte Constitucional sobre el tema de parejas del mismo sexo o el proyecto de ley que avanza en el Congreso. El golpe lo sienten en particular quienes afianzan sus creencias en una especie de camaradería de grupo, tribal y primitiva, desde la cual necesitan confirmar un ‘nosotros’ único y rotundo. Pues bien, caballeros, lamentablemente para algunos, no hay una única manera de ‘ser varón’ en el Siglo XXI y no sirve de nada llamar a los homosexuales “maricones” o “floripondios” pues estos términos son insultantes para quien los usa, más no para quien ha elegido tomar sus propias decisiones. ¿Qué es la hombría, a fin de cuentas? ¿Se reduce ésta únicamente a tener relaciones con personas del sexo opuesto? ¿Son muy hombres entonces quienes pagan por sexo o merecen llamarse así quienes hostigan a los travestis y homosexuales? La hombría consiste en hacerse responsable de sus actos y eso es exactamente lo que hace quien decide unirse en matrimonio con la persona que ama. Y me limito a hablar de los matrimonios homosexuales entre hombres y no entre mujeres, pues la verdad creo que el debate pobre y tristemente se ha centrado en lo que muchos llaman “sexo excremental” dejando ver sus enfermizas fijaciones. A comentarios irrespetuosos como el del columnista que escribió sobre el “gaymonio” en un deplorable intento por hacer un chiste que sólo deja ver su soterrada homofobia, hay que reaccionar: ¿Por qué ridiculizar los deseos y derechos ajenos? ¿Por qué considerar que la masculinidad propia se ve amenazada ante la opción de vida elegida por otros? El único argumento de este último -si puede llamarse así- es que el matrimonio debe ser entre personas del sexo opuesto, como indica la Constitución, y que debe tener como consecuencia la procreación. Pues bien, para comenzar, la procreación no es una obligación social, Además la Constitución está para garantizar los derechos de todos los ciudadanos. Ahora bien, si ésta no pudiera modificarse, la esclavitud seguiría vigente y la mujer no tendría derecho al voto. Lo cierto es que el mundo cambia, así como cambian las constituciones para adaptarse a él. La Santa Iglesia, a la cual todos recurren como ‘argumento’, sí que ha tenido problemas serios en la adaptación de sus preceptos a los tiempos modernos, con consecuencias aberrantes que ya todos conocemos. Pueden ser el hombre Marlboro si quieren, pero no es la única forma de hombría en el siglo XXI, donde la evolución -que no la moda- nos ha llevado a respetar los derechos de todos en sociedades más incluyentes y respetuosas de las diferencias entre los individuos que las integran.

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