Héroes y villanos

Héroes y villanos

Marzo 20, 2013 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

En Colombia los taxistas siempre tienen una opinión formada sobre el alcalde de turno, lo mismo la señora de los tintos, el empresario o la colegiala. Desde una edad temprana, los más jóvenes, ya sea por ideas propias o impostadas desde fuera, suelen tener una posición. Recuerdo cuando trabajé en un colegio hace más de diez años donde una mañana encontramos el establecimiento empapelado con pancartas colgadas por los mismos estudiantes. No importaba que ninguno tuviera cédula. Ya a los 14 o 16 años tenían ideas bastante fuertes sobre lo que funcionaría y lo que no. Sorprende entonces que siendo un país tan politizado hablemos tan a menudo de indiferencia, falta de compromiso y solidaridad. ¿Tal vez nos gusta hablar de política porque reconocemos a los mandatarios como héroes o villanos, responsables de todo o casi todo lo bueno y lo malo que sucede? ¿Creemos que las ciudades fracasan cuando hay un mal alcalde y salen adelante cuando hay uno bueno, sin matices? ¿Será que Latinoamérica ha sido un terreno fértil para los caudillos por cuenta de esa fe ciega en los políticos? Los convertimos en súper hombres con súper poderes y luego nos sorprendemos de su autoritarismo y sus abusos, cuando hemos sido más que testigos, cómplices de esa transformación. Un proyecto propio me llevó a pasar dos meses en Estados Unidos. En ese período pude observar que si bien el país del norte es desigual (claro, nunca al nivel nuestro) y ha pasado por una crisis aguda que ha afectado a millones, también es cierto que la mayoría de los ciudadanos tienen una actitud de corresponsabilidad respecto al devenir de su comunidad. Es común que los jóvenes y los pensionados trabajen como voluntarios, ya sea sirviendo de acomodadores en la fila del teatro estatal o el hospital del barrio. Otros hacen visitas guiadas de los museos públicos y unos más prefieren asistir en comedores sociales. A donde uno vaya encuentra personas dedicando una porción de su tiempo a hacer realidad la frase que mencionara JF Kennedy en su discurso de posesión: “Pregunta qué puedes hacer tú por tu país, no qué puede hacer tu país por ti”. Esta noción de pertenencia y responsabilidad social lleva a aportes significativos, por eso no es de sorprenderse que buena parte de los teatros, museos, hospitales, universidades, entre otros, hayan sido fundados por cuenta de la filantropía de unos pocos ciudadanos deseosos de compartir su fortuna con la inmensa mayoría. Sobra decir que en Colombia no tenemos riquezas como las de los Rockefeller, los Carnegie, Buffet o Gates, pero aún así, incluso pensando en ofrecer proporcionalmente a lo que podemos dar, nuestra mentalidad suele tener una respuesta individualista y alejada de la solidaridad. ¿Son realmente los políticos los únicos que deben generar soluciones? ¿Y la empresa privada? ¿Las fundaciones? ¿Los movimientos sociales?¿Los medios de comunicación? ¿La academia?¿Y cada uno de nosotros? Parece que estamos ahí para lanzar piedras y escupitajos al político de turno, o bien flores y elogios por su magnánima labor. A diestra y siniestra, la culpa y el mérito de todo, parece tenerla el Estado. Invariablemente, nos comportamos como aduladores o críticos según nos va, sin asumir nuestra corresponsabilidad en la situación. Me pregunto cómo serían las cosas si los colombianos tuviéramos un poquito de ese espíritu cívico, más allá de los aciertos o equivocaciones del gobierno de turno.

VER COMENTARIOS
Columnistas