Ganar sin peros

Diciembre 09, 2015 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

“Ganaron la paz y la reconciliación”, “El voto logró vencer democráticamente”, “En este proyecto cabemos todos”, “Este es un día para celebrar”, “Una campanada histórica”, “Estamos frente a un llamado a enderezar el rumbo de nuestra patria”, “Hoy empezamos a construir una nueva nación para nuestros hijos”. Cuando leo estas declaraciones y titulares, lo primero que pienso es que los mismos que hoy se refieren a la victoria de la oposición en Venezuela, podrían encabezar diarios nacionales e internacionales si triunfara la paz en Colombia. ¿Pero cuándo van a ser eso? ¿Va a ser el día que se firme el acuerdo o el día que gane el plebiscito? Lo que ahora se vuelve el principal interrogante es que ante la pregunta de si quiere o no la paz, el pueblo colombiano va a salir a las calles masivamente a votar por el sí, tal como el domingo lo hicieron desde la madrugada los venezolanos, alcanzando una participación cercana al 75 por ciento. Lo cierto es que en ambos casos hay una fatiga, en el de ellos del chavismo, en el nuestro de la guerra, un cansancio que también en ambos casos presenta una salida definitiva a través de la democracia y sus mecanismos. Hoy Venezuela no es la misma de la semana pasada. Hoy, con su amplia mayoría, la oposición tiene cómo cambiar el equilibrio de fuerzas, completamente inclinado en favor de los promotores de la Revolución Bolivariana. Y si Maduro y sus aliados no entienden el mensaje de las urnas que pide a gritos un cambio, este será el comienzo del fin del chavismo. En un país cuya economía cae en picada, que registra una de las inflaciones más altas del mundo y que ahora se encuentra dentro de los más violentos del planeta, era difícil que los partidarios del oficialismo triunfaran, a pesar del uso de todo tipo de estrategias criticables. Quizás por ello Maduro, a pesar de su arrogancia, no tuvo más remedio que aceptar, en un súbito gesto de gallardía, que “nuestra victoria es la democracia”. Lástima que acto seguido precisó que dicha victoria se debió a “la guerra económica” de la que supuestamente ha sido víctima. Luego terminó diciendo que el triunfo es “por ahora” solo para reafirmar que la izquierda que conocemos los suramericanos, como le sucede al petrismo bogotano, está acostumbrada a los delirios de persecución y las constantes explicaciones de “complots” para justificar sus fracasos. Bien puede Maduro continuar desvariando sobre esos monstruos imaginarios que lo persiguen y aterran y de los que habla con inconexa fluidez. Bien puede usar términos como “capitalismo”, “paramilitarismo”, “imperialismo”, que ya no tiene la menor importancia, pues se impuso la voluntad de un pueblo de manera irrefutable y definitiva. Porque ante la contundencia de la voluntad de millones de personas no hay réplica posible, a tal punto que el líder mundial en excusas, no tuvo más salida que bajar la cabeza. Es por esta razón y por ninguna otra que en Colombia tenemos que salir a votar por el plebiscito. Un mecanismo de refrendación popular que el Presidente, sin estar obligado a ello, se comprometió a llevar a cabo. Una vez el acuerdo que va a cambiar la historia de Colombia cuente con un amplio apoyo ciudadano, su legitimidad será incuestionable. Al final habrá consenso y sabremos que, como dijo el opositor Julio Borges en Venezuela, “el camino más largo termina siendo el más corto”. Esa reflexión es válida ahora que la paz que parecía tan esquiva, está más cerca que nunca.

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