Gabofagia

Noviembre 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

“Todos declaran y hablan en nombre de él, como si fueran él; yo me pregunto qué estaría pensando él, si pudiera ver; cómo se llenan de plata hablando de él, sin saber nada de él …”. La canción de Kevin Johansen le cae como anillo al dedo a lo que ocurre con García Márquez, o debo llamarlo Gabo, o Gabito, como le llaman todos ahora. Ayer había una entrevista en un diario nacional a una periodista que lo conoció tres días y escribió un libro. Y eso fue ayer, nada más, porque todos los días alguien tiene algo que decir. Escritores, periodistas, académicos, políticos, sacan a relucir su foto junto a ‘Gabito’, a contar cuando fueron a cenar a su casa, con ‘la Gaba’ de quien también van tomando posesión como si la conocieran de toda la vida; en la Feria del Libro de Oaxaca, como habrá ocurrido en tantas otras, como seguro va a ocurrir en días próximos en la de Guadalajara, un pequeño grupo de colombianos parecía competir por quién lo vio más veces, quién tenía la anécdota más original, quién sacaba de la memoria o la imaginación la cita más significativa de nuestro único Premio Nobel de Literatura, a cuál de todos había elogiado por su inteligencia, por su sutileza, por su ingenio literario, con cuál había ido a cenar, cuál lo había visto bailar, comer, cantar, quedarse dormido, tropezarse o bostezar. Y lo que falta. Porque luego vendrán la Feria del Libro de Bogotá, la de Buenos Aires, la de Madrid, y en fin, en todas habrá una mesa donde se hable del tumbao de Gabito, de su chispa, de su genialidad, de su amistad con Fidel Castro y así.Lo triste es que en medio de este circo comercial, propagandístico, en medio de este carnaval de egos desaforados, Gabo, Gabito, o mejor, Gabriel García Márquez, es lo de menos. No es a él a quien buscan emular, recordar, rendir homenaje, es a sus propias personas oportunistas, hambrientas de reconocimiento, es a sus propios egos caníbales. No digo que todos lo sean. Con seguridad entre quienes vociferan a su nombre, entre las toneladas de tinta que circulan sobre su obra y su persona, todo pasado por una nube de mariposas amarillas que se posan como el logo de una marca sobre portadas, vallas, nombres de premios, concursos literarios, ferias del libro, conversatorios, discos, exposiciones, con seguridad entre todo esto que nos cubre como pastillaje sin dejarnos ver lo que hay debajo, algo bueno debe haber, aunque de momento, imposible verlo.La joya de la corona ocurrió ayer, cuando periodistas le hicieron la encerrona a la Ministra de Cultura y a la directora de la Biblioteca Nacional porque la familia del escritor decidió entregarle a la Universidad de Texas parte de su archivo. No faltó quien tildara a la Ministra de negligente y apátrida, con ese estilo tan colombiano de apropiarnos de nuestros ídolos hasta despellejarlos.Resulta que no hay otro lugar en el mundo donde sepan tener mejor cuidado de los archivos que ese. Ahí reposan los de Borges, Faulkner y Hemingway, entre otros. Y, con todo respeto hacia los periodistas, García Márquez no le pertenece a la Biblioteca Nacional de Colombia, donde por cierto estará la medalla del Nobel, la máquina de escribir en que se escribió Cien años de soledad y primeras ediciones de sus obras en diferentes idiomas; si García Márquez le pertenece a alguien es a su mujer y a sus hijos, quienes pueden hacer con su legado lo que mejor les parezca.@melbaes

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