Formas de perder

Noviembre 09, 2016 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Para cuando esta columna sea publicada, ya Estados Unidos tendrá nuevo presidente. Todo apunta a que será Hillary Clinton, sin embargo el riesgo de que sea el violento chimpancé sigue vigente. ‘Make America great again’, reza el lema de la campaña de Donald Trump.Sorprende cuántos millones de personas creen que así será. Que con él en la Casa Blanca, los Estados Unidos volverá a ser grandioso: la economía recuperará su efervescencia, los inmigrantes dejarán de quitarle el lugar a quienes creen que por cuenta de ellos no progresan como lo merecen. Los ciudadanos americanos que se creen de quinta categoría, que se sienten olvidados, que creen que se prioriza la inclusión y la libertad sobre el privilegio patriotero de quienes nacieron en suelo americano, votarán por su candidato.Alzar un muro en la frontera con México o limitar el ingreso de musulmanes al país, son algunas de sus brillantes propuestas. Pero que las tenga un millonario primitivo, resentido, acosador de mujeres y racista, no asusta tanto como pensar que tras sus propuestas hay millones de simpatizantes. Asusta un mundo que elige libremente esta opción sobre otra cualquiera, incluso teniendo la alternativa de una mujer pensante y con experiencia. Pero a pesar de sus capacidades, Clinton no despierta mayores entusiasmos. En cualquier caso no motiva una revolución a su favor, un movimiento en masa contra su oponente, una resistencia capaz de frenarlo o de haberlo frenado antes de haber llegado tan lejos y de acercarse a la meta pisándole los talones. Y es quizá ahí donde más duele la verdad. No en ese punto donde un demente con inteligencia limítrofe se lanza a la presidencia de la potencia más poderosa de Occidente, sino en el punto donde el día de las elecciones ese psicópata tiene chance de ganar.Es de tontos temerle a Frankenstein, cuando a quien hay que temer es a su creador. El creador de esta deformación llamada Donald Trump es el pueblo norteamericano, que así gane o pierda ya está perdiendo por haber demostrado hasta qué punto un significativo porcentaje de su comunidad está resentida, rabiosa y con sed de venganza. ¿El país de la libertad? ¿De las oportunidades? Los monstruos con mil tentáculos no se hacen a sí mismos, los hacemos los ciudadanos cuando les damos el poder necesario para ejercer su barbarismo. La sociedad desilusionada y pobre de espíritu que hoy personifica Estados Unidos, hace parte de un desaliento global frente a la política, las instituciones y las creencias decimonónicas. Recuperar la fe en la política: en la paz, la confianza y la integración, ya no es un discurso inspirador para encontrar nuevas fórmulas electorales. Recuperar la fe en una política capaz de armonizar la convivencia, impartir justicia, garantizar los derechos y las libertades de los seres humanos, dejó de ser un tema lejano con el que podemos sentirnos conectados o desconectados, algo que ocurre en dictaduras lejanas o países en guerra donde el control lo tienen los grupos terroristas. Cuando la locura y la barbarie están a la vuelta de la esquina, repensar la política, encontrar otro lenguaje común, otra aproximación a la confianza, a la bonhomía y la seguridad, reactivar la esperanza de una humanidad equitativa y justa, son una urgencia de primera necesidad, un grito de auxilio de quienes vemos la oscuridad ir ganando terreno sin que parezca haber una fuerza visible capaz de detenerla.Sigue en Twitter @melbaes

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