El Virrey

El Virrey

Agosto 06, 2014 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Hace un mes estábamos por las nubes. La paz y el fútbol hicieron la fórmula perfecta, no solo para empujar a Santos a su segundo mandato, sino también para hacernos sentir unidos. El despertar ha sido brusco, casi agresivo. El segundo período no ha comenzado y ya parece demasiado largo. Mientras las Farc atenta contra puentes, acueductos y oleoductos, ataca a la población civil, envenena los ríos, mata a una niña en Miranda, Cauca, el Presidente aparece cortando cintas y dando discursos en eventos sociales.El Chocó tiene el 80% de las necesidades básicas desatendidas, nos recuerda un especial de la revista Semana, mientras alerta sobre una posible masacre de la envergadura de Bojayá, esta vez en el Alto Baudó. Por su parte, Quibdó, que más allá de su pobreza extrema hasta ahora no había sido azotada por el conflicto, se debate hoy entre grupos armados, bandas ilegales, asesinatos a menores; solo en los dos últimos meses, el Alto Baudó ha enfrentado más de una decena de desaparecidos y 2.600 desplazados por la violencia. Si bien es importante que el gobierno destine para la región una inversión de 400 mil millones de pesos, el problema no es solo de presupuesto. Hay que intervenir las instituciones que han colapsado: el hospital departamental y la universidad Tecnológica del Chocó, como mínimo. No olvidemos que estamos hablando de una ciudad capital, (a ver si en otra ciudad de tamaño equivalente veríamos tanta negligencia). Pero el desgobierno no afecta solamente al Pacífico, aunque este sea el caso más dramático. El desgobierno es generalizado y está entrañablemente ligado con la incapacidad de ‘Juanpa’ para ponerse en la posición del otro. Recuerdo ahora las palabras del mandatario hace unos años cuando presentó la ley del Suelo y la Vivienda en Soacha, Cundinamarca, uno de los municipios más poblados, así como con problemáticas sociales más complejas, en las goteras de Bogotá. El presidente dijo entonces: “Imaginemos a los niños corriendo en las 57 hectáreas de parques públicos que tendrán en esta ciudadela, el equivalente a cinco veces el parque del Virrey”. El parque del Virrey queda en el norte de Bogotá, a escasas ocho cuadras del de la 93 y a otras cuantas de la zona rosa, un sector estrato 6 de la capital. ¿La población de Soacha se supone que debe saber dónde queda el parque del Virrey? ¿No tiene Santos otros referentes como el parque del Tunal, el de Timiza o los bosques de San Carlos? Pues no, al parecer no solo no los tiene, sino que además no le importa buscarlos, así sea para no insultar con su indiferencia a la realidad de quienes no forman parte de su estrecho círculo de bogotanos de clase alta. A mi modo de ver, esa mención no solo fue insultante, fue también simbólica, de un gobernante profundamente desconectado, tan desconectado que ni siquiera es capaz de percibir que existen otros contextos, donde los referentes no son los suyos: el Country Club, Anapoima o el parque del Virrey. A estas alturas del partido, me queda claro que Santos no se remanga la camisa, no se mete en los problemas, no interviene, no se pronuncia, no ejecuta en la medida que corresponde, en fin, no tiene una comprensión real del país como tampoco una empatía hacia el dolor ajeno. Y, sin embargo, ganó apostándole a la paz. Pero la paz comienza por comprender al otro, por ponerse en sus zapatos y ver ver la realidad desde su óptica. Por desgracia, eso es mucho más de lo que podemos pedirle a nuestro mandatario.

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