El mercado de la autoestima

Enero 11, 2012 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Mucho se ha escrito en las últimas semanas sobre los implantes PIP y las cerca de 15.000 víctimas de estas defectuosas prótesis mamarias en Colombia. Y no es para menos. Parece mentira que este ejercicio de vanidad sea hoy un problema mayúsculo de salud pública asociado a complicaciones severas, dolores, deformaciones, daño de tejidos, y eventualmente, a la aparición de cáncer. El problema que esto representa para el Sistema de Salud no es menor. No lo es en términos económicos y tampoco en términos legales. ¿Debe el Estado asumir estos costos? ¿Lo tiene que hacer de manera parcial o total? ¿Quiénes dejan de percibir su medicina, tratamiento o cirugía, porque a una mujer hay que cambiarle los implantes mamarios que nunca necesitó tener?Pero quizás la primera pregunta antes de todas las demás es, ¿por qué? ¿Por qué someterse a una cirugía riesgosa, costosa en todos los sentidos de la palabra, para introducirse un organismo extraño al cuerpo? Una respuesta común en las mujeres es la autoestima. Se entiende. Si uno se siente mal, busca hacer algo al respecto.Quizás la pregunta es entonces, ¿por qué sentirse mal si uno no cumple con unos estándares? Como en la lógica del mercado, los productos no son valorados por sus virtudes, originalidad o personalidad, sino por la opinión del cliente.No he dicho nada nuevo. Ya lo ha señalado el sociólogo Zygmunt Bauman, entre otros, el capitalismo exacerbado se nos ha metido bajo de la piel, un hecho literalmente cierto, como pasa con las PIP. Ahí llevamos nuestro registro, nuestra marca. Facebook es el espacio donde nos exhibimos. El equivalente al escaparate del supermercado. En él se pueden ver las ‘distintas presentaciones’, las ‘cualidades del producto’ y la opinión de los clientes, muchos de los que comentan que ‘les gusta’, sea por su presentación o por sus cualidades.Pero el negocio de la autoestima no se queda ahí. Más allá de implantes mamarios de todos los tamaños, nalgas estilo mesita auxiliar, bótox o liposucciones, lleva años haciendo gala de su creatividad para mostrarnos nuevas maneras de ‘ser mejores’. Mediums, terapeutas, literatura de autoayuda, meditación, aromaterapia, terapia primal, terapia de los colores, terapia de ángeles, danzaterapia, musicoterapia, arteterapia, logoterapia, etc.Todo parece indicar que para tener una buena autoestima, también hay que tener una buena chequera. Siempre habrá algo nuevo, y siempre podremos caer en la trampa de pensar que realmente lo necesitamos para ser ‘más’. Más bellos, más felices, más visibles, con más amigos a los que no conocemos.Las necesidades creadas son cada día mayores. Hacer kick boxing (¿por qué estas cosas siempre tienen nombres en inglés?), Power Plate, o tener los dientes blancos, parece ser un objetivo fundamental para millones de personas. En Estados Unidos la gente se endeuda para ponerse prótesis mamarias, así no tenga empleo. En Venezuela, cuatro mujeres por hora se hacen una mamoplastia.Algunas pacientes se mueren en el quirófano. Pero tal vez se mueren con una autoestima más alta. Y quienes siguen con su vida, unos años más tarde, o en unos meses, van a querer ponerle otra plancha a la casa, o cambiar el carro, o hacerse otra cirugía, así se cansen, se aburran y busquen un nuevo cambio, en un círculo que no termina.Eso de mejorar es agotador. Y siempre se puede intentar ser más y más y más, o bien morir en el intento.

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