Demasiadas reinas

Noviembre 14, 2012 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Estoy de acuerdo con quienes opinan que la decadencia de los reinados es sana; que los veamos menos, hablemos menos de ellos y vivamos menos pendientes de los kilos, medidas y estatura de unas mujeres a quienes no conocemos, tiene mucho de razonable. Cali es famosa por tener mujeres hermosas. Y una vez más hay reina valluna. Pero esto que tanto enorgullece a sus paisanos, también debe ser motivo de preocupación. La belleza puede llegar a ocupar demasiado espacio. Se extiende, permea el ámbito privado, el público, arrasa con el pensamiento crítico afectando el juicio, la capacidad de análisis, incluso el libre albedrío. Las mujeres que por crianza y entorno sucumben ante la belleza como única estrella y motor, empiezan a definir cada una de sus acciones para verse más bellas y ser más bellas, en una concepción de ‘lo bello’ bastante infantil y primitiva. Las mujeres sonrientes, con carnes firmes, dientes blanqueados y vestidos de lentejuelas, están enseñadas a decir sólo cosas agradables y bonitas, o a no decir nada. Eso explica que una de estas en la gala del lunes al ser interrogada dijera algo como que “lo más bonito fue ver cómo se puede cambiar vidas de niños tan sólo brindándoles una sonrisa”. Me da pena, pero no veo cómo una sonrisa de la Señorita Atlántico podría cambiarle la vida a un niño en Tierra Bomba o donde sea. En esa misma línea, escuché a una mujer decir, refiriéndose a un pariente desahuciado que se encuentra en su última agonía: “Esperamos su pronta recuperación”. Tengo que decir que esta frase me produjo cierto escalofrío por lo absurda que resultaba en su contexto. Me pregunté si era cinismo lo que había en esta afirmación, pero pronto entendí que era simplemente su incapacidad de lidiar con una situación dolorosa de manera natural y sin intentar negarla. Entonces mi pregunta es: ¿Por qué las reinas de belleza parecen todas de una sola dimensión, mujeres incapaces de lidiar con la complejidad de la realidad? ¿Por qué todas tienen que creer en Dios y hacerlo responsable de todo lo bueno y lo malo que les sucede a ellas y al planeta? ¿Por qué todo es ‘divino’? ¿Por qué todas parecen menores de edad usando tacones altos y sonriendo sin motivo? ¿Por qué se presentan virginales pero desfilan en traje de baño? Me gustaría por ejemplo que las reinas hablaran sobre planificación, sobre sexo responsable, sobre sus retos profesionales, o bien, sobre qué es exactamente lo que hacen cuando se refieren incansablemente a “la labor social del Reinado Nacional de la Belleza”. ¿Alguien sabe? Me gustaría creer que no es un requisito ser católica militante para participar en el Concurso, donde cada vez más estas mujeres resultan anacrónicas en su dócil obediencia. La exSeñorita Colombia dio un discurso de despedida donde habló del país como un lugar maravilloso, “respetuoso de su diversidad y sus creencias”. Sin embargo, a juzgar por el reinado, la diversidad no existe. Las reinas son demasiadas y son siempre la misma: sumisa, sonriente, de carne magra y desentendida de la realidad que la rodea. Carmen Lucía Aldana Roldán, se preparó sola para el certamen dando muestras de una gran disciplina. También mantuvo un bajo perfil y le entregó al Valle su décima corona, algo que llena de orgullo a la mayoría de los vallunos. Ojalá le vaya bien. Aunque insisto. Tenemos demasiadas reinas y, lo que es peor, todas parecen ser la misma.

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