Del día de la Madre y otros demonios

Mayo 11, 2016 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

El Día de la Madre lo pasé en una casa de campo. En la casa de al lado, desde muy temprano en la mañana hubo mariachis. Las expresiones de amor filial iban subiendo en volumen a medida que pasaban las horas. No era ni mediodía cuando se oyó la primera bronca. Un ruido de vidrios rotos, gritos, voces de mujeres quizá temerosas. Para cuando nos estábamos sentando a comer un sancocho, al lado ya había llegado la policía. Luego vino el aguacero. Al día siguiente los medios dirían que por eso no hubo más muertos, más heridos, más accidentes de tránsito, ni más riñas en el Día de la Madre que, para mi sorpresa supe, es uno de los más violentos del año en Colombia. El chaparrón dispersó la turbamulta, espantó a los borrachos y acabó con más de una pelea.Viendo llover, mirábamos con mis cuñadas los mensajes que nos llegaban de felicitaciones. Abundaban esos donde a las madres se las compara con heroínas de historieta: ‘son el motor que mueve al mundo’, ‘luz que ilumina nuestras vidas’, entre otras apologías a la grandeza de la maternidad, a su poder, a su valor y, por qué no, tácitamente dicho, a su superioridad.Es entonces cuando pienso en esa sobrevaloración sociocultural de la maternidad que sitúa el hecho de tener hijos como la única o la mayor realización posible para las mujeres. A menudo, quien no cumple con este rol es visto como incompleto. En lo personal, creo que esa apología a los poderes reproductivos como una suerte de santidad milagrosa nos ha hecho mucho mal. Por un lado, porque esa supuesta superioridad de las madres, lleva a que muchas mujeres asuman la maternidad no como una alternativa, sino como una condición inherente al género, una sentencia o privilegio que no se cuestiona.Sin entrar a menguar la importancia de las madres y el rol materno, (también soy mamá) sé que las mujeres somos capaces de emprender otros proyectos de vida, igualmente importantes a la concepción en términos biológicos. La sobrevaloración de este atributo femenino (las dadoras de vida, las bendecidas) lleva a muchas mujeres a subirse en este tren sin desearlo. Madres que lo son por impostura, por ‘instinto’, porque nunca se han preguntado si esto es realmente lo que quieren y, de quererlo, si lo están asumiendo desde el afecto, la conciencia y la responsabilidad, o desde la inercia, el interés, la culpa o la presión social.¿Cuántas madres lo son porque se supone que la maternidad es inherente al género femenino? ¿Cuántas tienen que lidiar con la frustración de descubrir que la maternidad no es ese ‘sueño hecho realidad’ tan prometido? ¿Cuántas sufren porque no pueden ser madres y en esta carencia se sienten incompletas, desvalidas?Más de treinta muertos en tres ciudades deja el fin de semana del Día de la Madre. Casi siete mil riñas, cerca de mil heridos, sin mencionar los accidentes de tránsito. Entre las historias, está la de un hombre que mató a su hermano, la de una mujer que mató a su esposo, la de una madre que hirió a su hijo. ¿Cuántas de esas violencias no surgen de la frustración de ser madre en las condiciones o por las razones equivocadas? ¿Cuántas no estaban en condiciones de salud mental o física para asumir la maternidad en primera instancia? ¿Cuántas eran presas de relaciones abusivas incluso antes de concebir? Sin duda, ser madre puede ser una bendición, un privilegio y una enorme fortuna, pero para serlo, debe ser, antes que nada, una opción.Sigue en Twitter @melbaes

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