Comunicador en la Presidencia

Septiembre 18, 2013 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Existe una anécdota, según la cual el presidente Santos, quien durante años llevó barba, un buen día apareció rasurado. “¿Y eso por qué?”, le preguntaron. “Porque no ha habido un solo presidente colombiano con barba”, respondió. Cierta o falsa, la historia le queda. Habla de un personaje muy consciente de sí mismo, así como de la importancia de las comunicaciones ya sea para acceder al poder o para perderlo. Ese mismo personaje, ya sin barba, pero aún con suficiente vanidad como para haber llegado a la Casa de Nariño siguiendo de cerca las encuestas y titulares de prensa, se encuentra un día con esta curiosa paradoja: los sondeos no podrían estar peor. Y es que los ciudadanos no somos bobos. Cualquiera percibe que, luego de tres años de mandato, Santos sigue actuando como candidato: cuando se hablaba de él como un mandatario elitista, apareció retratado en calzoncillos mientras leía el periódico en una vivienda de interés social. Nadie se creyó la autenticidad de una imagen a todas luces postiza. Y, sin embargo, podríamos decir que está en su derecho de hacerse retratar en ropa interior, con sombrero vueltiao, de carriel, llevando ruana, usando sombrero kogui o como cualquiera de los múltiples personajes que ha interpretado en sus viajes y en sus intentos fallidos de no ser él mismo; pero el problema surge cuando esa preocupación cosmética por su apariencia, se convierte en regla de gobierno. Si no, pensemos en la reciente presentación televisada del nuevo gabinete. En ella salió Santos llamando a los ministros por su lugar de origen, como si haber nacido fuera de Bogotá fuera prueba suficiente de un gobierno descentralizado. Con todo respeto, me recordó la transmisión de los reinados de belleza, donde a las candidatas se les presenta también por su procedencia: “Con ustedes, de Chaparral, Tolima, Alfonso Gómez Méndez; en el Ministerio del Interior, el caucano Aurelio Iragorri…”, y así. En la misma ocasión el Presidente sostuvo que “la paz, no la construimos desde Bogotá, la construimos desde las regiones”. Una vez más evidencia su interés por posicionar un mensaje, más que por dirigir al país hacia una meta. ¿Realmente el hecho de tener un ministro nacido en un municipio o en otro es garantía de gobernabilidad descentralizada? ¿No es más importante que las políticas reflejen este direccionamiento?No contento con esa perla, en la Cumbre de Líderes Afrodescendientes la semana pasada en Cali, el Mandatario anunció orgulloso que tiene dos ministros negros en su gabinete en las carteras de Justicia y Minas algo que, según dijo, no tiene precedentes. Para la comunidad afro, esta ha sido una declaración más que equivocada. Como bien dijo Ray Charrupi de Chao Racismo: “Una cosa es ser negro, otra es parecerlo”, destacando que es un asunto de identidad y pertenencia, algo que Santos claramente ignora. Es así como queriendo quedar bien con todo el mundo al tratar de inflar la realidad, el Presidente vuelve a dispararse en el pie. La prueba la dio Gómez Méndez, quien al hablar en W radio aceptó no considerarse afrodescendiente, una respuesta responsable de una persona que comprende las implicaciones políticas y éticas de semejante declaración.Los pomposos anuncios -en algunos casos falsos-, no sustituyen la gestión de gobierno. Algo que nuestro mandatario, debería haber entendido hace rato.

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