Alguien nos mira

Mayo 02, 2012 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

La masa de más de 900 millones de personas que hacen parte de Facebook -si fuese un país, sería el tercero más grande del mundo- acostumbra a dar toda su información privada de manera voluntaria, así como a colaborar en proyectos de mercadeo. Mazda sometió a votación de sus seguidores la elección del modelo que lanzará en el 2018, lo mismo hizo Ben and Jerry’s con su carta de helados. Como dijo Mark Zuckerberg, creador de la compañía, “mucha de la información que la gente produce es comercial”. Cuando alguien publica su estado, está también atrayendo a un rango de comercio específico. Planeadoras de bodas aparecen en la página cuando la notificación es ‘comprometida’, cámaras, cuando acaba de nacer un bebé, video juegos, si se trata de un adolescente. Es así como pasar el tiempo en las redes sociales, algo que parece ser un entretenimiento cada vez más global, más allá de “generar un mundo más abierto y unido” -como propone Zuckerberg con su pinta de universitario y sus frases de gurú de autoayuda-, es una gran mina de oro para la que se constituye como una de las empresas más poderosas del mundo, a punto de salir a bolsa con un valor estimado de 100.000 millones de dólares.Nunca en la historia se había contado con tal cantidad de información privada sobre tal cantidad de personas: 1 de 7 habitantes de La Tierra hacen parte de esta red. Esta información no sólo está cambiando las tendencias del mercadeo y la publicidad, también los movimientos sociales y las maneras de relacionarse. Adicionalmente, Facebook se constituye como el potencial sistema de vigilancia más extenso del mundo. Mark Zuckerberg -quien en menos de dos semanas cumplirá 28 años- ocupa el puesto número 35 en la lista de los más ricos del mundo según la revista Forbes, con 17.500 millones de dólares.Ahora, al entrar a Facebook, no dejo de pensar que al seguir un vínculo, leer un artículo recomendado o actualizar mi estado, él está ganando dinero. Tampoco puedo olvidar que las normas de seguridad frente a la información son cada vez más laxas y es imposible saber a dónde va la información.A todas estas, Colombia cuenta con una de las comunidades de Facebook más poderosas del planeta. En el país somos casi 16 millones de usuarios lo que nos da el puesto 14 en el mundo. ¿Es afán de pertenecer a algo colectivo? ¿Ganas de encontrarse con tanta gente que se ha ido? Lo cierto es que a nuestra manera contribuimos a que Zuckerberg sea todavía más rico.¿Cuántas otras implicaciones tiene el hecho de pertenecer a un país presidido por un joven de tenis y camiseta gris, que se presenta como una persona sencilla sin apego al dinero y con buenas ideas, pero actúa como un ajedrecista? ¿Qué decisiones, más allá de la manera como agrupamos a nuestros amigos, toman por nosotros? ¿En qué momento empiezan a determinar qué pensamos? ¿Por qué nuestras opiniones resultan ser ‘comerciales’? ¿En qué medida la identidad propia se comporta de acuerdo a unas reglas de mercado? Por último, ¿cuándo podemos empezar a devengar unos ingresos por cuenta de la información privada por la que alguien está pagando? En un mundo cada vez más cuantificado, la red genera dinero de maneras cada vez más impredecibles. Si bien nunca nos pagaron por ver televisión, también es cierto que nunca le dimos retroalimentación a Coca Cola o Nestlé. ¿Además de trabajar en mercadeo sin saberlo, qué más estamos haciendo o a qué otras cosas estamos colaborando sin tener la más remota idea?

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