A space to die

A space to die

Octubre 16, 2013 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

El sábado pasado, a las 7:40pm de la noche, se sintieron cuatro explosiones en el barrio El Poblado de Medellín. “Fueron como las bombas que ponía Pablo Escobar en los años 80”, dijo un vecino, “Estallaron los vidrios, todo se puso oscuro y se cubrió con una nube de polvo”. Lo que pareció “una bomba de Pablo Escobar” o, “la caída de las Torres Gemelas”, no era otra cosa que el desplome de la torre 6 de la unidad residencial Space en el exclusivo barrio El Poblado. La historia, está tan cargada de simbolismo, que parece ficción. Un país azotado por el negocio de la droga, la mafia, la cultura traqueta, donde poco a poco esa cultura traqueta se va infiltrando en la mentalidad de las personas, todas soñando con vivir en estrato 6, en el barrio más caro, léase El Poblado para el caso de Medellín, y en un conjunto residencial con un nombre en inglés, pues parece que todo lo que está en inglés es de mejor calidad o al menos, de mejor procedencia. Que no se culpe a nadie por querer siempre lo mejor, o por tener una idea distorsionada de “lo mejor”, que no se culpe a nadie por preferir los restaurantes, bares, colegios, marcas, que por llamarse en inglés adquieren mágicamente otro valor y que no se culpe a la constructora por haber desatendido los llamados de vecinos y residentes sobre las fisuras que presentaba la edificación, ni por haber construido una torre que se iba a caer. ‘Space’ es un nombre tan flojo que parece inventado, como parece inventada la historia de la torre 6 que se desploma en la noche de un sábado dejando 9 desaparecidos y 2 muertos (hasta ahora), de los cuales casi todos son obreros e ingenieros y solo uno es un residente del ‘Space’. Pero que no se culpe a nadie, pues todo operaba dentro de los cada vez más dudosos y flexibles límites de la legalidad, y cada quien interpretaba su papel en un país donde todos somos arribistas, desde el constructor, el ingeniero, el residente y el portero. Todos queremos tener un ‘space’ donde vivir, así acabemos sepultados debajo de sus ‘walls’.Lo bonito es que los canales de televisión saben encontrar algo lindo hasta en una tragedia de esta magnitud. Así lo decía una presentadora de televisión en uno de esos inverosímiles noticieros de fin de semana donde hablaba de la solidaridad de los vecinos, y enfocaban a unos niños del Poblado riéndose un domingo por la noche con velones en la mano, indolentes pero divertidos de aparecer en pantalla. Que no se culpe a Planeación, por no reaccionar ante las numerosas alarmas sobre la saturación de la zona y el inminente peligro que representan las nuevas edificaciones del sector. Si aquí la culpa no es de nadie nunca, pues hace tiempo nos desentendimos de ese principio. Hace tiempo aquí la culpa siempre la tiene otro. Como le oí decir a un señor hace poco: “¿Qué culpa si el Estado se deja meter esos goles?”, y qué culpa si un comprador quiere tener su propio ‘space’ y para eso trabaja duro todo el año, qué culpa si la constructora quiere que su ‘money’ tenga mayores rendimientos, qué culpa si Planeación está muy ‘bussy’ con otros asuntos más importantes, y qué si un ciudadano de bien quiere su ‘apartment’ en el mejor barrio de la capital de la primavera, un lugar con vista a la ciudad, no importa cómo ni de qué esté hecha la torre, una torre es una torre, y es todavía más y mejor si lleva un nombre en inglés, así como Space. Así sea “a space to die”.

VER COMENTARIOS
Columnistas