Vidas ejemplares

Septiembre 19, 2013 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

El martes pasado falleció en España uno de los últimos medievalistas, Martí de Riquer, posiblemente el estudioso de la literatura que más sabía de El Quijote y, estoy seguro, al mundo no le importó. No su sapiencia acerca de la novela más famosa del mundo, sino su muerte, su ausencia. Era un hombre de 99 años.Como quizá no importará que este 26 de septiembre se conmemoren los primeros 60 años de la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero. La vida grande, los hitos, pasan delante de nosotros y apenas nos percatamos.Garcés Giraldo fue un médico eminente que nació en los primeros 14 años del Siglo XX, es decir, antes que el reloj de la estación de trenes de Buenaventura, construida por Vicente Nasi, un discípulo de Le Corbusier, se detuviera en las 7:15. Del reloj, queda hoy el frontis. La maquinaria que marcaba la hora de los zarpes hacia Marsella, Le Havre o Barcelona, desapareció en el trajín de los nuevos tiempos. A nadie le importa tampoco que esa estación sea una de las últimas joyas arquitectónicas del sur de América.Martí de Riquer, miembro de la Real Academia de la Lengua, era además filólogo, romanista. En 1924 publicó el que fuera uno de sus libros más celebrados: ‘El triunfo de la fonética’, al que siguió ‘L´humanisme catalᒠ(‘El humanismo catalán’).Garcés Giraldo fue gobernador del Valle del Cauca entre 1953 y 1955. Al morir su padre, Jorge Garcés Borrero, en 1944, trasladó 3000 volúmenes de la biblioteca familiar hasta el sexto piso del edificio Garcés, para que la gente de Cali y sus alrededores pudiera ir hasta ahí, a leer. Así nació la biblioteca.Al igual que Cervantes, Martí de Riquer perdió parte de su brazo derecho en la guerra. Pudo soportar la contienda española, así lo reconoció, gracias a la lectura profunda del Dante, de ‘La divina comedia’. Entre sus discípulos se cuentan Antoni Comas y Joaquim Molas. A ellos, y en continuación de un rasgo de catalanes, cual es el de emprender obras sin un fin predeterminado -verbigracia ‘La sagrada familia’ de Gaudí- les encomendó la continuación, que no el fin, de la ‘Historia de la literatura catalana’.Los 3.000 libros de la familia Garcés, dieron origen al Fondo Patrimonial de la Biblioteca Departamental, ese lugar al que pocos acuden, y donde esta ciudad pagana y salsera desconoce que existen ahí tomos forrados en cuero de becerro, anteriores al Siglo XVII. En 2011, durante la dirección de Juliana Garcés Saroli, hija del fundador, se logró que la Biblioteca Nacional digitalizara diez de los más antiguos volúmenes; cuatro de ellos son incunables, o sea libros escritos en el siglo XV, antes del domingo de Pascua de 1501.Manuel Vásquez Montalbán admiró a Martí de Riquer, su magisterio en la novela negra, y llegó a decir que le hubiera gustado ser “el asesino” de la última obra del notable catalán, nombrado Marqués de Casa Dávalos, “intelectual de familia noble y tradición monárquica…”.Diego Garcés Giraldo y sus tres hermanos, donaron a la Universidad del Valle toda la tierra que conforma hoy el campus de Meléndez. Biblioteca, pensamiento, educación, tres baluartes para construir sociedad, fundamento de lo que significan hoy Cali y el Valle del Cauca en Colombia.Al igual que Vargas Llosa, Martí de Riquer pasó muchos años de su vida en el estudio exhaustivo de Tirante El Blanco y Amadís de Gaula; escribió acerca de torneos y panoplias, de caballeros armados, de lanzas y adargas. Se permitía decir: “Felicito a quien no ha leído El Quijote. ¡Qué placer le aguarda!”. Creía, como yo, que “El Quijote es un compendio de aventuras cómicas, escrito por un competente lector de libros de caballería…”.

VER COMENTARIOS
Columnistas