Valencia Cano y Potes

Valencia Cano y Potes

Septiembre 27, 2017 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Era menudo, de hablar pausado, vestido caqui de obrero, botines de campo y vida austera. No llevaba anillo episcopal. Decían que lo había dejado en una casa de empeño para favorecer a una familia de pobres.

Caminaba por Buenaventura como un nativo más; iba hasta el fondo de las cocinas y probaba los guisos. Conocía a todos por su propio nombre y en las noches paralizaba al puerto con su programa radial ‘Buenas Noches’, en el que daba consejos para preferir las telas de algodón fabricadas en el país, y no las etaminas que llegaban en los barcos. Fue el primero en denunciar que ante la tala inmisericorde de los bosques del Pacífico, iban a desaparecer las maderas preciosas que llegaron a tener precio de oro: chaquiro, sajo, otobo, mangle, tangare, guacayán, chachajo, chanul.

Un día amaneció obsesionado con la creación de colegios; sabía que en la educación estaba la primera clave del progreso y de la convivencia. Así, creó la Escuela de Artes y Oficios, la Industrial San José, el Instituto Femenino La Anunciación, el Juan de Ladrilleros -también para señoritas- y el Hogar de Jesús Adolescente, entre otros, éste último para amparar a los niños huérfanos del litoral. Hizo un acuerdo con los cuatro teatros de Buenaventura, el Buenaventura, el Caldas, el Morales y el Junín, y cada domingo traía a los niños al matiné. Inspiró a algunos para seguir el camino sacerdotal, en el Seminario de Yarumal.

Alguien con esa fuerza transformadora era monseñor Gerardo Valencia Cano, el mismo que acudía presto a los hogares donde acababa de fallecer el jefe de familia, para prestar servicio apostólico a las viudas y sus hijos. Falleció en un accidente aéreo. Ahora, me veo a mis 16 años detrás de su féretro tocando a muerto con mi tambor en la banda de guerra del Colegio Pascual de Andagoya, o entonando el Himno del Vaupés, a donde fue destacado antes de venir a Buenaventura para reemplazar en el vicariato al sacerdote José Ramón Bejarano. El hermano Gerardo, o ‘Moncho’, como se le llamaba familiarmente en Buenaventura, estaría cumpliendo 100 años en este 2017. José Manuel Cantero Recio prepara un libro sobre su vida y obra.

El Obispo fue fundador del grupo Golconda, sacerdotes que se alzaron la sotana y decidieron abrazar la denominada Teología de la Liberación inspirada, entre otros clérigos, por el Obispo de Recife, Brasil, Hélder Cámara y por el exfranciscano Leonardo Boff. Los ‘curas rebeldes’ de entonces, serían hoy solamente un kínder de muchachos desaplicados ante las tesis audaces que promulga el papa Francisco: “Por las venas de Cristo corría sangre pagana…”.

El Centenario del inolvidable Obispo de Buenaventura, pasa sin pena ni gloria, como el de uno de los pioneros e inspiradores de la cultura del Pacífico colombiano y su música: Teófilo Roberto Potes. Alto, delgado, llevaba siempre camisa blanca amarrada a la cintura y pantalón arremangado en la rodilla, como los pescadores. Prefería ir descalzo. Tenía voz de barítono -había sido locutor- y en su casa del barrio Venecia de Buenaventura, junto al mercado de Pueblo Nuevo, hacía diariamente su pedagogía de currulao y valores culturales, para quien quisiera escucharlo. Por su casa pasaron los primeros etnomusicólogos del mundo, como lo registra ahora el investigador Michael Birembaum Quintero, profesor de la Universidad de Boston. Birembaum tuvo acceso a las grabaciones que hizo uno de estos académicos en los años 60, al tiempo que siguió su itinerario vital por latinoamerica y por el Nueva York de la coreógrafa Katherine Dunham, a cuya compañía perteneció Potes.

Tan importante para el folclor del Pacífico como Petronio Patricio Romano Álvarez y Enrique Urbano Tenorio ‘Peregoyo’, Teófilo Potes también estaría en sus 100 años en este 2017.

Que no los cobije el olvido.

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