Un país

Un país

Mayo 23, 2018 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Donde los ancianos reciban su pensión sin sobresaltos, donde sea posible tener acceso directo a la salud, sin demoras, sin tener que hacer largas esperas por un turno, donde los médicos vuelvan a ser como los de antes, que les importe más la salud del paciente que el tiempo cronometrado que les dedican; un país donde sea posible salir a cenar o tomar helados después de las diez de la noche, con la seguridad que nadie te acecha, donde las ciudades, como otras del mundo, estén iluminadas y vivas hasta las primera luces del próximo día, donde no existan zonas vedadas del territorio, y sea posible templar una tienda de campaña en Putumayo, en el Cabo de la Vela o en el Vichada.

Un país donde exista la justicia, donde los criminales sean juzgados de manera ejemplar, donde los ladrones del erario reciban penas acordes a su gravísima falta y los violadores, los corruptores de menores, los asesinos y pedófilos reciban la pena capital.

Un país que dé el primer paso hacia la legalización de la droga como el recurso más poderoso para destruir este negocio criminal; una nación a la que le importe mucho la educación de sus niños y jóvenes, donde la universidad, como en otros países, sea gratuita, donde el cuidado del agua sea prioridad, donde bosques y páramos reciban la atención que merecen, donde la búsqueda de energías limpias permita preservar uno de los ecosistemas más ricos del Planeta.

Un país donde los banqueros sean llamados a una mesa de concertación, para que entiendan que no es posible cobrar cuatro pesos por cada mil en depósito, ni ‘cuotas de manejo’ leoninas en las tarjetas de crédito.
Una república donde la contratación pública sea pública y cada peso del pueblo colombiano sea vigilado en su tránsito hacia el destino que se le ha dado; que la construcción de megaobras sea decidida por la propia ciudadanía, de manera democrática, con el respaldo de expertos en vías, represas, puentes, túneles, muelles, aeropuertos.

Una nación donde la pobreza no sea pretexto para el delito, donde los niños tengan aseguradas sus tres comidas diarias, educación primaria y secundaria. Ese lugar del mundo donde la vivienda dejó de ser una carencia y en cada cuadra el gobierno destinó una casa para el médico de la familia, el joven recién egresado que bien puede hacer su práctica en zonas urbanas y estar atento al dolor del vecindario.

Ese país donde gobierno y empresarios llegan a la conclusión que no es posible vivir con un salario de miseria, y sí es posible incrementar de manera digna esa asignación mensual; ahí donde también el transporte público de las grandes ciudades es tomado como ejemplo en el mundo, porque es rápido, eficiente, y subsidiado para estudiantes y tercera edad.

Un país que es capaz de juzgar a sus propios delincuentes y asigna buena parte de sus recursos para la ciencia, la invención, el arte y la cultura.
Un país que pueda dejar atrás años de rencor y de sangre, que mire con claridad y optimismo hacia el futuro, y se reconozca en su cultura étnica, para convertir esa identidad en una afortunada convivencia de mestizos, negros e indios.

Ese país que es capaz de producir comida para las naciones vecinas, puede alimentar bien a sus propios hijos; una nación que impulse el deporte, que no venda por monedas sus patrimonios, que derrote el analfabetismo e impulse la lectura en las más apartadas zonas rurales.
Una nación que cuide a sus mujeres en estado prenatal, y les permita, a las que trabajan, seis meses de licencia para una adecuada lactancia.

Ese país que en el decir del poeta Rubén Darío, es “tierra de leones; siempre será la patria que derrama la savia de los grandes corazones”. Un país que pueda ser llamado con justicia “la Suiza latinoamericana”.
Un país, en fin, que todos soñamos, y ojalá empiece a ser posible este domingo. Ojalá.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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