Todo por la plata

Abril 28, 2016 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Mientras la prensa española destaca que “la recesión atenaza a América Latina por segundo año consecutivo…”, el pasado lunes un colombiano repartió plata en las calles de Neiva, dicen que un monto aproximado de $20 millones.Para el caso, no importa la cuantía, sino el estado de ansiedad que llevó a este compatriota a repartir plata a manos llenas en abril, una tendencia que se observa en nuestro país en los últimos años.Hace un tiempo fue un arrocero próspero que madrugó a lanzar billetes desde un balcón de las playas de El Rodadero. Al tercer día fue notificado por la policía, no por su acción –repartir plata en las calles no es un hecho punible- sino por las riñas que causaba abajo cuando se enfrentaban por los billetes los vendedores de agua de coco con los quincalleros de gafas chinas, los chulos de calamar contra los minoristas de cangrejo y pescado frito.No pude evitar recordar, con el mecenas de Neiva, la imagen de ‘El Mexicano’ en Popayán, cuando apenas la ciudad sacudía el polvo del terremoto en 1983. Llevó una bolsa de lona y al frente de ella muchos damnificados hicieron fila pare recibir sus maravedíes.En esto de regalar plata a manos llenas el asunto no es tan inocente. El caritativo recibe ipso facto una publicidad millonaria en los medios, en primera página. ‘El Mexicano’ quería que el país supiera que era rico, pues, no se le notaba. Quizá una de las peores desgracias de un traqueto es que la gente lo siga tratando como un peón. El arrocero de El Rodadero es hoy célebre y el nombre del que iba por las calles del Huila repartiendo fajos, está hoy en todas las redes. Se volvió viral.“No hay almuerzo gratis”, decían los viejos, y en eso quizá la excepción fue el gesto magnífico de Jesús cuando multiplicó los panes y los peces, aunque esta acción, como la resurrección de Lázaro y la devolución de la visión a un ciego, propalaron la especie de que se trataba de un hombre muy raro al que seguían por las orillas del Mar de Galilea centenares de pobres y enfermos.El pueblo siempre ha sido condescendiente con los bandidos que llevan su bolsa para repartirla en los barrios. Así con Robin Hood como con Pablo Escobar. El asunto ético se deja a los encargados de justicia; la plata con su brillo obnubila y el menesteroso la recibe sin preguntar de dónde viene.En Hormiguero, Puerto Rico, fue dado de baja Filiberto Ojeda, quien había hecho parte del grupo de Los Macheteros y participó en el asalto a un depósito de la Wells Fargo. Repartió plata y juguetes en las barriadas hispanas de Chicago y de Hartford, Connecticut, en la Navidad de 1983. De Ronnie Biggs, el legendario asaltante del tren de Glasgow en 1963, se decían cosas similares en Río. Por donde pasaba iba dejando un reguero de plata; meseros, prostitutas, vendedores callejeros, cantantes de playa, hablan de su ‘generosidad’. Biggs y sus compinches, se alzaron con 2,6 millones de libras esterlinas, unos 75 millones de dólares de hoy. Su vida fue llevada al cine e inspiró a músicos de rock and roll, como los Sex Pistols.Otros bandidos célebres en Estados Unidos, fueron la pareja conformada por Bonnie y Clyde, quienes iban por las carreteras asaltando gasolineras y pequeñas tiendas, como si se divirtieran, bajo una lluvia de balas. En algunas ocasiones, al verse pillados, tiraban la plata por las ventanillas, mientras atrás percutía el tableteo de las metralletas Thompson. Cada año son recordados en el aniversario de su muerte, en la autopista 154, al sur de Gibsland, Luisiana. Es el ‘Bonnie & Clyde Festival’.Más recientemente un tal Amhai, al parecer un jeque de Dubai, regala plata a través de Instagram, y en Estados Unidos no saben todavía quién es el personaje que deja propinas de US$5000, con el sello ‘Tips for Jesus’ (Propinas para Jesucristo). Una mesera asegura haber recibido US$200.000.

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