Tiro al elefante

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Hacerse la foto al lado de un leopardo muerto, de un bisonte...

Tiro al elefante

Mayo 10, 2012 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Hacerse la foto al lado de un leopardo muerto, de un bisonte o un elefante, fue obsesión de la monarquía por muchos años, y de hijosdalgos que vieron en la cacería una afición que los acercaba más a las cortes.En España prevalecen los cotos reales, y quien se atreve a penetrar ahí, armado de escopeta, en busca de una liebre o de un pato salvaje, puede parar con sus huesos en la cárcel. Aquellas tierras tienen en su portalón el escudo de los Borbones y son abiertas sólo cuando el Rey decide ir ahí con sus amigos a echar tiros como antaño.La democratización de Colombia se nota muchísimo en el gobierno; en 1965 teníamos un presidente cazador, y ahora, en el 2012, un mandatario futbolista. Alguien que goza como un niño cuando calza guayos y disputa un partido con el tronco de Evo Morales. Guillermo León Valencia y Abraham Domínguez Vázquez, fueron de los pocos colombianos que invitó Franco a los cotos reales.Existen dos clases de cazadores; los profesionales y los furtivos. A la primera categoría pertenecía Ernest Hemingway, y a la última el rey don Juan Carlos.En la biblioteca del escritor estadounidense, en la población de San Francisco de Paula, no muy distante de La Habana, aprecié la cabeza de un enorme kudú, un antílope de cuernos retóricos, el mismo que aparece en ‘Las verdes colinas de África’. Hemingway le disparó en un safari, con la ayuda de la tribu Masai. Narraba cómo se fue apagando la luz en los ojos de ese animal hermoso que hoy decora una pared, encima de sus libros y una mesa donde está su carnet de corresponsal de guerra y cartuchos de perdigón, de marca Remington.Todo el mundo sabe que el monarca español no es fiero cazador y que provocó un escándalo en Rusia cuando en 2006 le embriagaron un oso llamado Mitrofán, con vodka y miel, y se lo pusieron de papayita, para que le disparara.Así cualquiera; ahora este cuento de que se ha cargado un elefante en África, sólo lo creen él y el empresario saudí que le pagó el paseo, porque las fotos son elocuentes. Se nota que al pobre animal le dieron también una alta dosis escopolamina y lo dardearon con somníferos para que el rey le disparara a boca de jarro. Con todo eso, se fracturó la cadera; quizá del susto cuando vio venir al mastodonte a su encuentro, y pegó carrera Kilimanjaro arriba. Es que un elefante cabreado por una alta dosis de borrachero, puede ser más peligroso que uno sobrio.Al Rey, después de los 70, le acusa el famoso ‘démon du midi’ o ‘tombeur des femmes’, o sea el síndrome del tumbalocas, el demonio del medio día, que lo lleva a pensar que todavía está como un roble, que las mujeres lo adoran por su intrepidez y que es menester mantener esa costumbre arcaica: dejar fotos en sepia para nietos y bisnietos... “Mira, mi abuelo cuando derribó un elefante…”. Un asunto demasiado decimonónico en un mundo que ama la protección de la naturaleza y se excita fácil contra los que depredan especies protegidas.Desde hace más de diez años es prohibido cazar elefantes en África. Se acabó el tiempo en que el marfil era empleado en esculturas, teclas de piano o bolas de billar. Pero, parece que el rey hace lo que le da la real gana, y se comporta como un monarca dieciochesco. Acaba de pedir perdón a España y dice que no lo volverá a hacer, pero la foto ya está hecha. En la memoria de los jóvenes del Siglo XXI peninsular, prevalecerá la imagen de su rey con una Winchester al lado de bisontes derribados y de un elefante que no imaginó un fin tan real, tan de película anterior a la aparición de la ecología.

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