Terrorismo noruego

Julio 28, 2011 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Contra el Islam y el marxismo, detonó su bomba Anders Behring Breivik en Oslo y asesinó a sangre fría a más de 70 jóvenes socialdemócratas en la Isla de Utoya, lo que inaugura el terrorismo europeo frente al mundo musulmán.“Las ideas de Breivik están hoy por toda Europa”, acaba de declarar Johan Galtung, sociólogo de 81 años, fundador del Instituto de Investigaciones para la Paz en Noruega. Perdió a su nieta Ida, de 20 años, en la masacre.En su manifiesto, Breivik dice que para expulsar a los musulmanes del norte de Europa, hay que ofrecerles 25.000 Euros. “De no aceptarlos, hay que matarlos”, concluye. No es para aterrarse; ya hasta en Colombia tenemos skin heads pedorros que salen “a cascar negros e indios” por las calles de Bogotá, mientras los ultras europeos ven como una amenaza la nueva invasión mora.Breivik se atrevió a llevar a la realidad lo que muchos piensan, imaginan y comentan en los cotilleos de una Europa asediada por la pobreza subsahariana.Hay que leer los foros de los diarios europeos para saber cuánto loco incuba ahí nuevos desatinos. Breivik no es ahí, no se crea, alguien merecedor del garrote vil. Son muchos los aplausos, los respaldos, las defensas a quien, a diferencia de muchos de sus correligionarios, decidió tomar acción y hacer realidad esta barbarie.Europa manosea hoy las mismas monedas sucias con las que pagó la servidumbre de naciones africanas, asiáticas, latinoamericanas. Son los hijos de Togo, Nigeria, Kenia, Congo, Marruecos, Filipinas, Colombia, Perú, Ecuador, Cuba, la empobrecida Cortina de Hierro, Turquía, los que atestan hoy los bulevares de París y Madrid, de Londres y Lisboa, de Roma y Amsterdam, de Estocolmo y Oslo; los mismos que cansados de llevar del bulto, quieren tomarse ahí un Martini con hielo en el verano, pasear en los barcos con orquesta que surcan el Sena, hacerse una foto en Picadilly Circus, pedir una buena ración de gambas con su Paternina, comer pasteles en los cafés que bordean el Gran Canal de Venecia. ¿Por qué no? Sólo que a los ultras esto les huele mal. Desde hace muchos años están gritando, con Le Pen, que “se vayan los moros”, esas hordas de africanos en traje talar y sombrerillo islámico, que pasean bajo el Arco del Triunfo o por los Campos Elíseos.En su versión del ‘Mein Kampf’ que publicó Breivik en Youtube, arremete contra zapatero, a quien señala como un “vendido” de la invasión musulmana a Europa. Piensa, igualmente, que partidos como el laborista, al cual atacó frontalmente, alimentan la idea marxista igualitaria que puede llevar al naufragio de Europa.Su ataque ocurre en momentos en que la UE discute acerca del futuro del Euro, las enormes deudas de Grecia e Irlanda, entre otras naciones.En la encrucijada, muchos europeos tienen a la vista al cordero propicio para cargarlo con las culpas de la debacle económica: el extranjero, el inmigrante pobre, el multiculturalismo que alimenta el mestizaje. Más no revisan en su pasado, en el duro hierro colonial que puso bajo el látigo a nativos de América, Asia y África; no se ven como protagonistas de una historia que incendió, saqueó, violó, y llevó a los antiguos reinos su botín de oro y especias.Europa, al igual que Estados Unidos en su momento, debe hacer hoy su mea culpa y aprender a convivir con sus antiguos siervos, los mismos que van por el mundo en pos de una mejor vida. Son la estirpe a la que cantara Facundo Cabral, la de aquellos que no son de aquí, ni son de allá, pero buscan afanosamente un lugar en la existencia.

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