¡Somos polvo de estrellas!

¡Somos polvo de estrellas!

Diciembre 16, 2010 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Son múltiples las pruebas de la poesía como género auscultador de las más conmovedoras verdades; la poesía, como las mujeres, continúa siendo demostración palpable de la existencia de Dios: el verbo se hace carne, verdad, discurso. Los poetas, como los profetas, están dotados con virtudes adivinatorias. Aún en este Siglo XXI son los arúspices propicios, los que pueden ayudar a concebir el futuro con claridad, porque reconocen de antemano las claves del juego.Muchos de los descubrimientos de hoy fueron anunciados hace siglos por hombres tocados por la poesía. Mateo, Juan, Santiago, Homero, Sócrates, Nostradamus, Julio Verne, Gurdjieff; la lista es interminable y remite necesariamente a las reflexiones del mexicano Octavio Paz, cuando, en su mester de palabras ‘El arpa y la lira’ nos confirma que la palabra funda, previamente, la realidad. Lo que no se nombra o escribe, no existe. De ahí el poder de la oración no mayor de diez líneas en el cual la tradición bíblica confirmó la creación del mundo: “Dijo hágase la luz, y la luz fue hecha, y separándola de las tinieblas, creó el día y la noche”. Mayor síntesis literaria es difícil de hallar para describir el origen de los tiempos.Una noticia asegura que “el polvo de estrellas celestes habría dado inicio a la vida”. El descubrimiento fue hecho por científicos alemanes del Instituto Max Planck de Katlenburg-Lindau. Y agrega: “El hallazgo fue hecho a través de la sonda estadounidense Stardust (Polvo de estrellas), moléculas que constituyen una de las premisas para la producción de material hereditario...”.La primicia científica abunda en otros detalles: “El polvo cósmico de un cometa contiene las moléculas que habrían dado inicio al material genético de la vida en el planeta. Al analizarlo, se constata la presencia de coenzimas similares a las tipo PQQ que constituyen una parte importante de la cadena para la formación de la vida”. El concepto tiene la firma del científico Jochen Kissel.El análisis de dicho material fue posible gracias a un espectómetro incorporado a la sonda Stardust de la Nasa, lanzada con el propósito de capturar polvo de estrellas y partículas de la cola del cometa ‘Wild2’.Hasta ahí la ciencia; pero, ya en 1997, un poeta colombiano había advertido el origen de esa vida y su apocalipsis a través de una breve creación que no requirió tan costosa expedición; sólo del lamparazo de la imaginación en el laboratorio de los sueños: “Cometas ancianos: preparad ya los polvos luminosos/ las colas deslumbrantes/ el lastre de los siglos/ las estrellas rezagadas/ el óxido de los planetas.../ sin clarines ni fanfarria/ ha llegado/ oid bien/ la Hora del Silencio”. Ciencia y poesía, una presintiendo a otra, retroalimentándose, soñándose. Que parte de nuestros huesos es polvo de estrellas, es buenísima noticia, porque ello vuelve a confirmar la ciencia profunda de los arúspices poetas: “Polvo seré, más polvo enamorado”.La tierra, polvo de los muertos, este amasijo sagrado que se recicla de manera indefinida, le pide al hombre aborigen que su paso sea leve, y también le exige respeto a quienes ponen su planta en ella.Una vez, hace muchos años, vi como un gañán derribaba con rabia una palmera, la misma que había estado ahí, casi emblemática, al inicio de la Avenida de los Mangos. En menos de una hora, vimos los troncos por el suelo. Al día siguiente supe que aquel hombre se había ahorcado y nadie dio respuesta a ese misterio.

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