Roy poeta

Mayo 02, 2013 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

En contra de su vocación poética, Roy Barreras tiene el problema de ser político, senador, una condición que en Colombia parece estar hoy en las antípodas de este ejercicio literario.Infortunadamente, porque el ejercicio de la política no tendría por qué oponerse a la creación de versos; en Colombia sobran los ejemplos de hombres públicos afiliados a la literatura. Recordemos a Rafael Núñez, Marco Fidel Suárez, Guillermo Valencia, Alberto Lleras Camargo, Alfonso López Michelsen, Belisario Betancur, Armando Barona Mesa.En Venezuela fue presidente Rómulo Gallegos, hombre de prosa depurada; mencionemos ‘Doña Bárbara’, ‘La trepadora’, para recordar dos de sus obras.En Senegal fue presidente el poeta Leopold Sédar Senghor, tenido como una de las voces principales del mundo africano, y en la Nicaragua sandinista, vicepresidente Sergio Ramírez.Mario Vargas Llosa quiso gobernar Perú, pero se le atravesó la popularidad de Fujimori. Mientras Varguitas iba por los pueblos dejando oír discursos cribados en prosa precisa, el ‘chinito’ recorría los campos en tractor. Vendía la idea de convertir Perú en el Japón de Suramérica.A Bill Clinton le fascina la literatura y dicen sus amigos más cercanos que guarda con celo versos y narraciones, los mismos que quizá nunca llegará a publicar, por físico pudor. Se complacía no obstante con la amistad de escritores como Gabo y William Styron. Para el escritor colombiano fue sorpresa escucharle, de memoria, el primer capítulo de ‘Cien años de soledad’. A Obama también le gusta la poesía; invitó a su posesión al poeta Richard Blanco, para que leyera ahí su ‘Our today’, como una oración.El libro de poemas de Roy Barreras ha provocado una cascada de comentarios jocosos en las redes; muchos le recuerdan episodios extra literarios, como sus adhesiones a diferentes líderes políticos. ¿Pero, puede Roy ser poeta? Desde luego. Del examen de sus creaciones se encargará la crítica literaria. Es posible que estemos perdiendo un futuro candidato presidencial, y ganando un buen poeta.Sigifredo López también se lanzó a las procelosas aguas de la poesía, en la reciente feria del libro de Bogotá, con prólogo, creo, de Jotamario, pero nadie ha adelantado un comentario con respecto a sus creaciones. Porque el vulgo no afilia la poesía con roles como el de diputado, ‘político’, senador. Aunque a Sigifredo podría creérsele más, por el martirio de sus días de cautiverio cuando, así lo afirma en su libro, le fueron decomisados sus primeros versos en la selva, y debió recordarlos luego, para no morir. Descubrió así que la poesía salva y mereció la invitación del Nobel José Saramago.La única barrera que encuentra Roy ahora frente a la poesía, es la de colombianos que no le creen, por ser quien es, un político de carrera, alguien que ha dedicado su vida al discurso electorero, escueto y sin ambages, donde no cabe una sinalefa, una metáfora, una jitanjáfora, una elipsis o, una sinécdoque.Las nuevas generaciones poco entienden de la tradición literaria que nos ha distinguido. País de gramáticos, de poetas, como lo definió Malcolm Deas, se acostumbró en el Siglo XIX, en el XX, a citar bardos en el Senado, a repetir frases de escritores notables en el capitolio, en los paraninfos, a ensayar frases impactantes en la plaza pública. José María Velasco Ibarra, quien fuera presidente de Ecuador en cinco ocasiones, decía que él solo necesitaba un balcón para volver al poder. Convencido estaba de su verba, como lo está hoy Roy Barreras, al reclamar su derecho a ser, también, poeta.

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