'Rastrillando' mujeres

'Rastrillando' mujeres

Marzo 20, 2014 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

En Colombia es lícito 'rastrillar' a una mujer en el bus, decirle obscenidades mientras pasa, violentarla con palabras y con hechos, contratar a una secretaria con fines sexuales, hacerlas trabajar al borde de la esclavitud, y pagarles menos.Ciertamente, si queremos instalarnos en el Siglo XXI, debemos educarnos. Un colombiano educado no aprovecha la congestión en un bus para desatar su libido reprimida, ni dice obscenidades en la calle a las muchachas que pasan, ni contrata trabajadoras como esclavas sexuales.Ya en Bogotá, como en México, se llegó al colmo: dividir a hombres de mujeres para tener acceso al transporte. En breve seguramente buscarán aplicar la política en Cali, en Medellín, en Barranquilla.La solución no es seleccionar buses diferentes para ambos sexos. Se trata de un problema de fondo que requiere atención gubernamental, desde la educación, para enseñar, desde la niñez, el respeto entre sexos, el pudor delante de la obscenidad, la vergüenza de cometer actos inmorales en privado y en público.'Perras', es el adjetivo que se emplea hoy en la música llamada 'regaetton' para definir a un grupo de mujeres. El Estado no hace nada para evitar que prolifere el sexismo y el maltrato desde formas culturales populares como la música -como esta que cito-, donde el menoscabo a la mujer es literal, en medio de una manifiesta vulgaridad.Se preguntaba recientemente el músico cubano Pablo Milanés, qué se hizo la música, qué se hicieron las letras poéticas, las composiciones que elevaban la condición humana.En cuanto al comportamiento -lo sé porque viví ahí más de 12 años y soy ciudadano de este país- en los Estados Unidos, una mujer puede acusar a alguien de acoso, por recibir una mirada no apropiada, en el lugar de trabajo, en un supermercado, en un lugar público. El delito se llama 'Bad Eyes' (mirada mala) y justifica una acusación. Entre hebreos, se asegura que “una mirada puede dañar”. Si se desviste a una mujer con la mirada, se le hace el amor de manera impúdica en un restaurante, de una mesa a otra, si las palabras obscenas acuden a la boca en tropel, cuando pasa una chica dejando ver el ombligo –una opción particular en el trópico donde no se requiere demasiado vestido- muchos connacionales creen que es un 'derecho', pervertir la mirada y las palabras, “porque ella se lo buscó”. Se parece bastante esta figura a la del violador que alega, sus impulsos fueron motorizados porque la dama “andaba provocando con una mini…”.Cuando veo la separación de sexos en el transporte bogotano, siento vergüenza. Veo que cientos de años de esfuerzo se han perdido, y el Muisca sigue ahí. Habría que parafrasear un cuento breve del guatemalteco Augusto Monterroso, en el que una mujer duerme, despierta, y el chibcha todavía está ahí…No; si vamos a insertarnos de verdad en la civilización occidental, si queremos ser modelo de convivencia, no podemos continuar en esta agresión a las mujeres. Debemos educarnos, respetar, entender que el camino es en compañía.Y legislar desde luego, al respecto. Hay que ver los ayes en la prensa nacional, cuando un chico fue puesto preso por tocarle la nalga a una mujer en la calle. Qué injusticia, decían, por una tocadita. Colombia debe ser inflexible ante el acoso sexual, el irrespeto en lugares públicos, el abuso. Pero hemos perdido el tiempo. Debemos volver a las clases de civismo y urbanidad.

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